25 años de gestión de la pesca en Galicia. Por Fernando Cobo

 

Tradicionalmente la gestión de la pesca deportiva se ha centrado en tres estrategias básicas: Las medidas de restricción (períodos de veda, tamaños mínimos, cupos, artes prohibidas, etc.), las repoblaciones y las medidas de restauración o rehabilitación de hábitats (depuración o eliminación de vertidos, eliminación de obstáculos, regeneración de la vegetación de ribera, protección de frezaderos, etc.). Las medidas de restricción se aconsejan cuando se pretende asegurar la viabilidad natural de las poblaciones cuyo principal factor de riesgo es la sobreexplotación. El caso de las repoblaciones se justifica cuando la especie ha desaparecido prácticamente y las causas que originaron esa desaparición o reducción en el número de individuos, se han corregido y ya no están actuando, pues de lo contrario estaríamos condenando a muerte a los peces liberados a un río que no tiene las condiciones adecuadas para su supervivencia. Las medidas de restauración o rehabilitación de hábitats son las más efectivas y la manera adecuada de recuperar o mantener poblaciones silvestres, no solo actúan mejorando las condiciones de vida de los peces, sino que contribuyen a la recuperación integral del ecosistema y por lo tanto de todas las especies implicadas, muchas de ellas de mayor valor de conservación que las que son objeto de pesca.
Si echamos una mirada retrospectiva a la gestión de la pesca en Galicia en los últimos 25 años observamos una escalada de las medidas de restricción en todas sus modalidades: días de veda, reducción de cupos, limitación en las artes de pesca y una inusitada irregularidad espacial en la asignación de tallas por tramos. Se supone que se optó por todo ello porque se consideró y se considera que la presión de pesca es la principal causa de reducción de las poblaciones, de otro modo deberíamos contar con buenos ejemplos de planes de medidas de restauración fluvial diseñados sobre la base de estudios de diagnóstico de los factores de presión sobre las comunidades de peces y encaminados a eliminarlos o reducir su impacto. Lamentablemente no contamos con ningún plan de estas características en ningún acotado de nuestra geografía. Además, en casos extremos, cuando sobreviene un episodio de contaminación que provoca la muerte de un número significativo de peces, la respuesta es la veda por dos o más años y dejar que la naturaleza actúe; a veces, esto va acompañado de una “nerviosa” repoblación masiva sobresaturando el tramo de peces con individuos de dudosa procedencia y escasas garantías sanitarias.
Este personal análisis de la situación no es fruto de una reflexión filosófica o erudita, sino de la experiencia de 30 años de relación con los problemas y amenazas de nuestros ecosistemas fluviales a través de mi investigación en ecología fluvial en los ríos de Galicia. En un reciente trabajo publicado por el equipo de investigación de la Estación de Hidrobiología de la USC (References data on the growth and population parameters of Brown trout in siliceous rivers of Galicia (NW Spain). Limnetica, 31 (2): 267-282, 2012) se dejada constancia de que las densidades y biomasas de trucha en los tramos acotados y libres de nuestros ríos no presentan diferencias significativas, es decir poseen poblaciones de peces iguales en composición y abundancia, y que la presión de pesca puede cuantificarse en una reducción máxima del 50% frente a los tramos no explotados (vedados). Además, las densidades y biomasas de trucha siguen siendo más o menos las mismas que las de la década de los noventa y el número medio de pescadores, en todo caso, se ha reducido ligeramente. Estos datos y otros que afectan a aspectos diversos del estado ecológico de nuestros ríos conducen a la conclusión de que llevamos un buen número de años con una gestión de la pesca errática y arbitraria exenta de rigor pues no se fundamenta en datos científicos, pero lo que es más importante frente a la opinión de los pescadores es que no se ha sometido jamás a procesos de verificación. ¿Qué características biológicas (supervivencia, patologías, etc.) o qué datos demográficos (densidades, biomasas, etc.) se han mejorado en 25 años de implementación de esta política de gestión? Creo que va siendo hora de que nos rindan cuentas y que demuestren que todo ello ha servido para algo, de lo contrario, como se dice por ahí, hay que ir cambiando el chip.

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