Agustín Hernández rectifica y reconoce su error

Agustín Hernández rectifica y reconoce su error.
“Foi un acto improvisado o que non quita que a miña reacción foi torpe e non resposta á miña forma natural de ser. A verdade é que non me recoñezo cando vexo as imaxes. Sinto a torpeza dos meu actos. Entendo que poida causar risa contemplar esas imaxes pero os que me coñecen saben do meu profundo compromiso co medio ambiente”.

Se había metido el exconselleiro y exalcalde en un auténtico berenjenal de difícil o, cuando menos, tortuosa salida.
Días después de haberse ratificado e incluso de justificar sus actos, con una avalancha de críticas en su contra, Hernández compareció ayer 21-2-2018 en el Concello de Santiago para reconocer su error.
Y sus palabras debemos analizarlas desde la sensatez, no desde la venganza ni el ajusticiamiento publico. El error fue monumental, la reacción social fue viral y en su comparecencia -habrá quien diga que no tenía otra salida- Hernández asumió su culpabilidad incluso con duras palabras hacia sí mismo: “A miña reacción foi torpe. Non me recoñezo cando vexo as imaxes.
Sinto a torpeza dos meu actos. Entendo que poida causar risa contemplar esas imaxes”.
Si la crítica fue furibunda ante su aparición a orillas del Sar, debemos valorar la valentía y la altura política de quien sabe reconocer sus propios errores. Obligado por las circunstancias o voluntariamente reconociendo su clamoroso error.
En el juego político habrá quién intente sacar tajada de la dura autocrítica de Hernández. A nosotros, como pescadores, amantes y cuidadores del medio natural, lo que debe importarnos y lo que debe prevalecer es que un político asuma sus actos y si son erróneos que pida perdón como ha hecho Hernández.
Nosotros nos quedamos con que el político bajó a la arena y -esperamos que sentidamente- ha pedido perdón.
La próxima vez lo pensará dos veces antes de acercarse a la orilla del Sar.
Así pues, los primeros en criticar abiertamente y sin contemplaciones lo que hizo en el río y ahora también los primeros reconociendo su comportamiento al asumir y lamentar su error.
Y ya puestos, pues pónganse todos de acuerdo y… ¡QUE LIMPIEN EL SAR!

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