Moralejo, 5 años.

El jueves 25 de mayo madrugamos, como le gustaba, y fuimos a Couso.
Ese Couso tan lindo, que fue el mejor coto de cuantos podría imaginar el pescador más codicioso, nos recibió con cierta sorpresa ya que no nos había visto en cierto tiempo. Le dijimos que no queríamos pescar, que íbamos para pasar el día presumiendo de lo muy felices que fuimos con el Doctor en ese coto y en otros.
Hacía 5 años que nuestro Doc dejara de expedir permisos de pesca en la ventanilla de este mundo que gira demasiado rápido.
Cinco, cinco años, ¡Cómo pasa el tiempo!
Pues nuestra impresión, al llegar por la noche a casa, era la de haber compartido un día más con él.
Ciertamente, pescamos con él y lo pusimos al día en las cosas de andar por casa pero el muy vicioso no hacía más que preguntarnos por la salida a Noruega que tenemos dentro de unos días. Si cualquier caladero le parecía un paraíso, qué decir de uno de los mejores destinos salmoneros del mundo…
Lo tranquilizamos, el viaje que no pudimos hacer años atrás lo haremos ahora, y vendrá con nosotros. Es una deuda que debemos saldar con él y con nosotros mismos.
Couso, estábamos en Couso pasando el día con nuestro Doctor de aula, el que siempre tenía la palabra o frase más ajustada para cada ocasión.
Y como estábamos en Couso se empeñó en que lanzáramos en la Presa lo poco que nos dejaron los hierbajos, y después bajamos al Trillo, a la Croeira, al Salto do Can y no llegamos a la Pedra de Fernández porque no tocaba.
Charlamos todo el día. Disfrutamos como hacíamos siempre. Otro día inolvidable.
Siempre Moralejo.

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