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Respetados
Directivos:
Me pongo en contacto con ustedes a fin de participarles de una serie
de consideraciones que han sido muy comentadas en los días del
Concurso Internacional del Salmón del Ulla, incluso más que la
evidente y preocupante escasez de salmones en el río.
El año pasado, organizaron por primera vez el concurso y en algunos
artículos de prensa di mi opinión al respecto. En 2008, la Sociedad
Río Ulla cometió errores imperdonables como no permitir pescar sin
muerte una vez conseguido el cupo. Y además argumentaron que no lo
había permitido la Consellería cuando desde ella se indicó lo
contrario culpándoles a ustedes de tal decisión.
Pero el concurso del año pasado no es el motivo de la presente. Creí
y confié en que aprenderían de los errores y que este año superarían
los problemas.
Pero hemos empeorado de tal manera que me veo en la obligación de
denunciar lo que muchos pescadores consideramos un auténtico
atropello, un insulto y una falta total de sensibilidad hacia
nosotros.
Deciden ustedes sortear las cañas para el concurso, con la excusa de
dar entrada a otros pescadores que deseaban participar. Y me parece
justo. Pero, ¿cuantos quedaron fuera? Tengo entendido que cinco o
seis ¿Mereció la pena el disgusto de estos pescadores cuando podrían
participar sin que ello supusiese alteración en el ejercicio de
pesca? ¿Acaso tres cañas molestan a 25?
Pero tampoco es este el auténtico problema de la organización del
concurso de este año.
La pesca es un ejercicio de libertad y tomar parte en el Concurso
del Salmón del Ulla una de las mayores experiencias en el mundo de
la pesca en Galicia, sino la que más. Pero ustedes, desconociendo
totalmente este mundillo, nos han tratado como ganado haciendo del
concurso una “rapa das bestas” en el peor sentido de la expresión.
Han cobrado ustedes 160 € por la inscripción de cada participante.
¿Me quieren explicar en qué los han empleado?
El primer día, el desayuno iba en el lote. Café en termos, cuatro
churros y tostadas de pan industrial.
El segundo día, la comida también iba en el lote. Pulpo y churrasco.
Y no estaría mal en condiciones normales, pero servido en platos,
vasos y cubiertos de plástico no pasa de menú chabacano y ramplón. A
esta comida asistieron sólo la mitad de los pescadores porque los
demás optamos por comer con un mínimo de dignidad y orgullo. Incluso
muchos de los que fueron a la comida “oficial” se arrepintieron de
hacerlo y no se amilanaron a la hora de mostrar públicamente su
enojo y decepción.
El cobro de 160 € por participante no se justificó ni por asomo con
lo que ofrecieron por ellos y si los cobraron con afán recaudatorio
queda en evidencia su falta de sensibilidad.
No acaba ahí el desbarajuste.
La entrega de premios fue de lo más chabacano y paleto que recuerdo
en muchos años.
El Concurso del Salmón del Ulla y sus pescadores no merecen un
alpendre de feria con cables por las lonas y luces navideñas.
A la misma sólo asistieron quince pescadores de los cincuenta
participantes y debo decirles que la mayoría de los ausentes me
llamaron para dejar bien claro que no asistirían como medida de
protesta contra ustedes y que les gustaría acompañarme en un momento
tan gozoso para mí.
El pincho que siguió a la entrega de premios fue para enmarcar:
chorizo, jamón york, queso, empanadillas y croquetas… Aquí debo
incidir en que cada pescador pagó 160 €.
Miren. A poco que se sepa negociar y tal como están las cosas en
estos momentos, por 8.000 € (1.330.640 pts), podrían haber realizado
la entrega, la comida y los demás actos en cualquier hotel de cinco
estrellas.
Podrán tacharme de clasista pero no lo soy. Los que me conocen saben
que yo me “arrombo” con un bocata de lo que sea. Pero el bocata es
para la ocasión y no para un día tan señalado.
Se auguraba el fracaso y yo debo lamentar que, para una vez que gano
el Concurso, me entregan la placa acreditativa de Campeón sin mis
amigos, sin los pescadores que me ayudaron a cobrar la pieza que
valió el campeonato. Y, aún así, esto es lo de menos.
Este año se ha demostrado su incapacidad para organizar el concurso
con un mínimo de solvencia y seguro que no es por capricho, es por
pura ignorancia, la misma que les impide reconocer sus errores, la
misma que ha dinamitado la fiesta de la pesca salmonera por
excelencia.
La edición de este año será recordada como la edición del cutrerío.
Esa es la auténtica realidad. La chabacanería, la falta de estilo,
de clase y la ausencia del más mínimo nivel presente en la
organización llevaron al Presidente de la Sociedad incluso a
vengarse en su intervención de los comentarios que ya habían llegado
a sus oídos.
El Concurso del Salmón del Ulla no merece tamaña desconsideración, y
el río Ulla menos.
Haber ganado el Concurso Internacional del Salmón del Ulla es el
mayor honor en mis cuarenta años de pescador y me ha reportado un
momento mágico e irrepetible como ejerciente de la actividad de la
pesca pero ni se imaginan cómo lamento haber recibido el premio en
el indigno “cortello” que instalaron para tal ocasión.
Respetuosa, pero justificadamente crítico.
Miguel Piñeiro, ganador del XXXIII Concurso del Salmón del Río
Ulla |