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Hasta
aquí lo profesionalmente correcto. Ahora va mi cosecha.
¡Lo pasé como Dios!
Los cincuenta pescadores acabamos decepcionados la primera manga
porque aunque hubo un par de clavadas, los animales lograron
zafarse. Hubo un amago a Julio Gallego y un par de toques a Toño
Muíños y Luís Miramontes, todos en Ximonde.
Un par de baños en Sinde y algunos más en Ximonde apenas
hicieron entrar en calor a los concursantes. La desesperante
apatía propia de Couso provocó que algunas cañas optaran por
trucha y reo en este otrora mítico acotado del Ulla.
Lo más llamativo de la jornada, por no decir valleinclanesco,
fue la escrupulosidad y la precisión milimétrica con la que un
caballero de uniforme trazaba la línea imaginaria entre las dos
tablillas que señalizan el tramo vedado. En oblicuo y a ojo…
Hasta el mismísimo Descartes firmaría tal prodigio de
virtuosismo.
Algunos cañistas propusieron que se balice el río…
Lo mejor, la comida en A Fandiña, en la que nos acompañó el Ex-Presi,
José Antonio García Villar, al que habría que hacerle una
estatua en medio del río. Y los pescadores saben a qué me
refiero. ¡Qué grande eres, José Antonio!
Esto
fue lo más novedoso del primer día de pesca.
Segundo día.
La apatía de Couso se instala en Ximonde y contagia al Penedo,
Reboredo, Venezuela, La Isla y los demás puestos. Pero llega
Pardal, lanza la mosca en O Penedo y un plateado se tira de
cabeza. Y aunque a los pocos segundos logra liberarse, la
lección fue de antología. Pardal, Maestro.
A la hora de la comida, unos cuantos nos fuimos al Avenida y
Pardal, o meigo, lanza un aviso con tono de amenaza y tinte
profético: La tarde es del grupo C, con P de Piñeiro y Pardal, y
en Sinde…
Tócala otra vez, Cesáreo, el año que viene que es Xacobeo.
Llego al Banco, O Carballo para otros, y Luís Miramontes,
sentado, está montando una cuchara. Sereno, suave, parsimonioso.
La tarde iba a ser larga.
Ni me siento. Dejo la caña que tenía el buldo, porque iba a ir
al reo, y pego una varada en A Cañota. Golpe de manivela y el
plateado me mete un meneo de esos que… de esos que… de esos que…
me mete un meneo y se descuelga frenético hacia abajo. Miramontes,
sacadera en ristre, bajaba raudo unos metros.
Manolo Paz me da una palmada y me dice “tranquilo” y Cesáreo
Pardal pasa por detrás de mí como un rayo buscando otra postura
por si el salmón se entrega más abajo. El Salmo parecía grande.
Mete la directa y se enmaraña en el Jardín Botánico de Sinde
-los brizos- y se me queda trabado unos cinco minutos. Me
acuerdo de las enseñanzas de David Castrillón –¿Recuerdas,
querido amigo, en el Lote 3 de Celeiro?- y templo aflojando
suave, suave. Zas, ya está libre pero mete otra carrera de
infarto. Como Button en Montmeló. El brazo y la espalda empiezan
a recordarme que los tengo para que me acuerde de ellos pero el
Stella es de Shimano y la Antares se porta. Vuelve a pegar otra
sacudida y como la primera la ganó el de Catoira, el bicho se
embriza con más saña. Esta vez tuve que esperar unos diez
minutos y el
Technium de 0,30 mm –un adival- hizo el resto. Vuelve a soltarse
y queda anclado en la corriente, pero va cediendo… y más...
Pasan los minutos. Pardal y Paz coinciden en que ya estaba
vencido mientras Miramontes lo tenía a pocos metros. Ya solo
faltaba acercarlo a la orilla y encestarlo. ¡Amigo! Me acordé de
Chicho Caamaño, dos años atrás en O Penedo cuando no pudo meter
la sacadera a aquellos siete u ocho kilos que me querían hacer
“campeonar” el concurso de aquel año y que optaron por hacerme
un corte de mangas y tirar millas.
Pero Miramontes aún no falló ninguno. Es el Gasol de la
sacadera. Los mete todos. Luisiño se acercó al agua como quien toma una cerveza. Venía entregado el bicho y
mi boticario favorito no podía fallar. ¡Coño, Luís, que no sea
esta la primera vez!
“Padentro”. No. “Pafuera”. Y con una sonrisa. Este cabronazo es
de una serenidad pachorrenta desesperante. Y me lo pone en el
prado sonriendo. Lo que le dije a Miramontes, a Pardal y a Paz
me lo callo. Forma parte ya de mi fondo de armario emocional
pero de ellos es el 75% del salmón aunque me lo vaya a comer sin
invitarlos.
Les digo que vareen que yo planto, y me siento. Media hora
después les deseo suerte y me encamino al Tourmalet por el que
casi se despeña Jaime Muleiro pocas horas antes. Empiezo a subir
y me paro, miro para atrás y me acuerdo de Zulueta, de Torres y
de Moralejo; ellos saben el porqué. Sigo subiendo y vuelvo a parar. Esta vez
me acuerdo de Chicho y de Reimóndez. Más ascensión, casi a los
cielos del Ullán, y me paro de nuevo. Me regodeo en el salmón
que no clavé el día 6 de mayo del año pasado por ser
trueiramente coherente. El Ulla me debía un salmón desde hace un
año y el concurso me debía una placa desde hace dos.
Ya faltaba poco, y para los que no sepan cómo es la subida de
Sinde les diré que es una subidita de oeufs.
Ya arriba, mire hacia la presa. Estaba empapado porque estaba
cayendo a conciencia pero yo seguía mirando hacia la presa.
Sinde. ¡Manda carallo con Sinde! |