XXXVII Concurso Internacional del Salmón del Ulla

Fotos: Fernando González, Fernando Palomo, Salva Ortega y MiguelPesca

Va a ser difícil olvidar la edición de este año por la magnífica captura que, a la postre, le dio el campeonato a Julio Gallego y también por los poquísimos salmones que hay en los tres cotos del Ulla.
Los primeros días de temporada certificaron que los abrileros o mayolos, aquellos salmones de uno o dos inviernos de mar y que suelen andar por los cinco kilos, no entraron aún en el río o ya van arriba gracias a las más que generosas lluvias de este año que le favorecieron el remonte. La primera luna y la marea de mayo no metieron más ejemplares y las primeras capturas de la temporada son casi todos salmones muy grandes y de entrada en el río en enero o febrero.
El sábado, primer día de concurso, amaneció en el Ulla con tiempo fresco y un nivel de aguas muy alto. En Ximonde había mucha ferretería en la primera manga de la mañana.
Pocas incidencias que reseñar, si acaso la captura de un salmón en el Prado de Louzao. Manuel Mosteiro clavó un zancado a cebo natural y procedió a su devolución inmediata al agua.
Ya en la segunda manga, a las 10:30 h., era evidente el descenso del nivel del agua y con el cambio de turno de pesca entraban buenos pescadores de cebo en las posturas de Ximonde.
Mientras tanto en Sinde ni rabo y en Couso… en Couso bien gracias.
Durante la comida todos confiaban en alguna captura por la tarde ya que el río estaba perfecto para pescar.
Empieza la primera manga. El Penedo Redondo era el objeto del deseo y algunas cañas se decantan por otras posturas ante lo solicitada que está la piedra filosofal de Ximonde.
En la tercera varada del Penedo era el turno de Julio, el de los petardos, el del cupo de tres salmones en la década de los ochenta, el de Vigo que vive en Cangas, el de la banca felizmente jubilado, el del Equipo A (junto a Otero, Ortega y Miniño). Mete el cebo en el tiro bajo y a las
cuatro de la tarde, cuarenta minutos y cuarenta segundos por la Cannon de mi propiedad, clava plateado. O Penedo era como Cannes y Cans, todos querían salir en la foto y eso dificultó –y de qué manera- el trabajo de los chicos de Jara y Sedal que volvían al Ulla después de casi una década. Verdaderamente resulta inadmisible que un aficionado llegue a dificultar –casi impedir- el trabajo de los cámaras. Nadie discute ni pone en tela de juicio el derecho de cualquiera a sacar las fotos que quiera o posicionarse literalmente pegado al  protagonista, pero para una vez que vienen cada diez años...
Julio trabaja el animal y se juega el dedo (de hecho le salió una ampolla). Tanta maestría como metros en la vara. No podía moverlo. El salmón se queda clavado durante muchos e interminables minutos, luego se deja ver pero no lo suficiente como para saber que era un ejemplar de museo. Bastantes minutos después se descuelga en frenética carrera hasta el puesto Campos de Viso (por cierto, aviso a despistados, neófitos y sabidillos: a este puesto se le llamó popularmente Puesto Roto porque lo había destrozado la riada del año 2.000 pero ahora si ya está restaurado ¿por qué no se le llama por su verdadero nombre?)
El salmón entra en la sacadera a las cinco de la tarde, tres minutos y cuarenta segundos.
El ejemplar de tres inviernos de mar –un macho salvaje vernal o serondo- llega al Centro de Precintaje donde da 10,191 kg., alcanzando los 97 cm. de longitud. Es el mayor ejemplar guiado en el Ulla desde el año 1.981, rompiendo la marca de Moncho el de A Outeira.
Pocos minutos después, Ismael Campos clava en el límite del coto pero el salmón logra escapar.
Poco más en el resto de la jornada.
El segundo día tenía muy buenas cañas de cebo en Ximonde. Una de ellas Laureanín, el de Teverga. A primera hora se mete en la matorreira entre el Penedo y la tabla que marca el límite del coto y en dos pestañazos clava un plateado. El bicho arranca y el asturiano se queda sin sedal y sin salmón ante la desesperación de su padre Laureano.
El calor aprieta y van cayendo las horas.
Por la tarde, siete varas en batería mallan el tramo superior de Ximonde mientras los de Couso se pegaban una reparadora siesta y los de Sinde pescaban más por obligación que por devoción.
Miramontes (el que nunca falla con la sacadera y mi boticario de cabecera), Laureanín, Toño Muiños; Baloira y otros tantos meten tintada, viva, cocida, con mayonesa y a la parrilla. ¡Ojo!  Entran también el carismático Manolo Paz y el de los tirantes, el de la flor en el trasero, el de ascendencia cesureña, Miniño saca metros en O Penedo. Manolo Paz, aguas arriba, da un golpe a la vara pero el salmón no se clava y se lleva la quisquilla como premio.
Pasan los minutos y con la fresca de la tarde aún se confía en otro ejemplar pero llega la hora de la conclusión y los salmones no quieren salir.
Las últimas varadas son de Pardal y Souto pero sin incidencias.
Mensaje al móvil: Luis Meijide, el galeno y ex-presidente de Río Ulla, casi tutea a un plateado en Sinde pero el salmón pudo más que la pericia del buenazo de Meijide.
Julio Gallego, que va para los setenta y va a cumplir 50 años pescando en el Ulla, había ganado en la edición de 1986. Ahora es bi-campeón del concurso igualando a Luís Souto y con un entorchado menos que el gran Jesús Carbia (Louzao, memoria viva del Ulla) que lo ganó en tres ocasiones.
Lo único malo a destacar es la escrupulosidad de alguno de verde a espaldas de los pescadores y con los prismáticos en la mano midiendo la dichosa línea imaginaria que marca el vedado. Es que no aprenden, coño. Mejor hubiera ido para todos de haber tenido tanto celo en el capturadero y de haber marcado las líneas del vedado para que el peón que todos conocemos no “jodiera” –perdón- salmones para vender. Mientras este tipo tenía su coto privado de pesca en el capturadero, otros le permitían el expolio mientras se dedicaban más a espiar, vigilar o controlar al pescador que hace uso de sus derechos pescando en el acotado.
Y pocos minutos después llegamos a la Fandiña para la entrega de premios y cualquiera diría que allí daban gratis permisos de turismo rural; si, si, de aquellos que unos espabilados como el caradura de Pepiño Nogueira chorizaron a la incompetente Xunta bipartita para mercadear y trapichear con ellos con el consentimiento de Fegatur y Mar de Compostela.
La entrega de premios en La Fandiña estuvo presidida por Ricardo García-Borregón Millán, López y Miguel de la Calle.
Miguel Piñeiro

Miguel de la Calle y Luís Meijide con los ganadores del concurso en años anteriores:
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