“Cousas da mosca. Dicionario do Mosqueiro”, en la calle.

Ayer, 8 de marzo, a primera hora de la tarde, me acercaba a Tórculo Artes Gráficas en el Polígono del Tambre en Santiago. Era la sexta vez que iba a buscar-recibir un libro pero este tenía un regusto especial.
Puedo decir, y lleno de sana vanidad, que en los cinco libros anteriores apenas pasé de escribirlos, entiéndase por ello que de las otras fases de la producción del trabajo se responsabilizaron otras personas o departamentos.
New Port Comunicación e Imaxe me dio la oportunidad de escribir mi primer libro, Ediciones Tutor se atrevió con los dos siguentes, Galaxia creyó en mis notas sobre la lamprea para firmar el cuarto y la familia de Carlos Bóveda me señaló para escribir la biografía del pintor padronés, y dicen que no hay quinto malo. De todos y cada uno de ellos guardo un “memuera” en lo más recóndito del corazón y llevo un “aquel” en mi memoria, porque no podría contar con palabras las satisfacciones que me dieron, hasta las comas.
Ayer, un día cualquiera de marzo, sin santoral rimbombante ni ocasión especial señalada en el calendario, me esperaba Adriana. ¡Mira que hay gente buena –y guapa- en este mundo! Creo que sin ella esto no pasaría de simple intentona. ¡Qué paciencia, oye! Adriana encarna la serenidad y el optimismo. ¿Y Anxo?, un fiera. Meticuloso, riguroso, detallista. Otro puntal.
Lo teníamos casi todo hasta llegar a Tórculo, y en Tórculo –por muy mala rima que tenga- se encargaron del resto.
Este, el “Cousas da mosca. Dicionario do Mosqueiro”, además de mi sexto libro tiene un plus: que no tiene a nadie detrás; es un trabajo independiente, libre, nacido de las inquietudes que nos mueven en el mundo de la pesca. Por eso es un sexto especial, como el sentido o el mandamiento.
Y “Cousas da Mosca. Dicionario do Mosqueiro” es un trabajo en equipo. Libro modesto, sencillo y hasta barato, pero hecho en equipo. Con dos compañeros de línea, el irrepetible de Ferrol, Torres, y el manitas de las tierras de la muralla, Seijas. Y, en el asiento de las gratitudes, una marea de amistades que precisaríamos de varios “maracanás” y varias bodegas para brindar con ellos. Son un mogollón, aluvión, cascada, torrente, tsunami… de amigos que no nos merecemos. Son tantos que también necesitaríamos varios discos duros, que vamos escasos de capacidad… Bueno, la tiene El Corte Inglés de Santiago donde el 17, a las 8, les daremos el abrazo que se merecen.
Miguel Piñeiro

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