LA DESPEDIDA DE LA TEMPORADA EN EL ULLA
Por Alberto Torres

¡Qué voy yo a hablar del Ulla que no se haya dicho ya!
Moito río, con peces sabios, con pasado perfecto, presente continuo y futuro imperfecto, como todos nuestros ríos. Como el propio mañana.
Ahí anduvimos, en el majestuoso cauce de cauces, en la despedida de temporada que mantenemos desde ya hace algunos años.
Couso, Sinde, Ximonde, tres parajes de ensueño para un pescador que se convierten en perfectos con la cuadrilla a tu alrededor. Es una cita obligada, necesaria para todos, porque absolutamente todos salimos con una sonrisa, el lombo mallado y unas ganas de repetir abrumadoras.
La verdad es que llevamos una semana de fastos. Creo que en el futuro deberíamos bautizarla, como hicimos con la del Eo. Ésta podría llamarse Semana "Moralej-uani", porque empezó con el cumpleaños de uno y finalizó con el de otra.
Han sido dos días, un año más, inolvidables para todos. Para mí, además, por la propia pesca, por el pedazo de pepino que no conseguí poner en tierra en el Prado de Louzao. ¡Qué pepino! Menos mal que hay testigos, porque cuando brincó y rompió el agua, saliendo fuera de cuerpo entero, los ojos se me pusieron como platos y el corazón como el motor de una vespino cuesta arriba. Si lo cuento, a lo mejor, no me lo creen, pero con cuatro ojos en vez de dos (ocho por las polarizadas), saben que no es trola. En fin. Era del río y allí sigue, sobre todo porque los peces también tienen ángeles que los cuidan, y uno hizo que se me olvidase poner el freno en situación... Menudo pescador...
La pesca, como leéis, ha sido 'macanuda', pero no es el fin, sino el camino, y por lo que rodeó a 'mi' pesca no puedo dejar de sonreir cuando, ahora, lejos del agua fresca del Ulla, aporreo el teclado del ordenador con morriña de pescador fluvial al que se le acaba la fiesta.
Entre rodado y risa; caña coruñesa, de Estrella, y caña de carbono, hay tiempo para escuchar, hablar, esparcirse... ¿No será lo de lanzar la mosca una excusa?
Una mesa en el recuncho de A Outeira con los Profesores Moralejo y Cobo es sobremesa amena e instructiva, amén que inteligente y cachonda, como una función de Les Luthiers. Una sonrisa franca de Zulu tiene sonido de fondo, el de la camaradería, con una melodía de Clapton suave e intensa. Pescar con Toñito o Eloi, comentando las jugadas más interesantes de la primera parte en el descanso, y sobre todo pensando en la remontada, es mejor que jugar en el Bernabéu. Dos días con Piñeiro, un anfitrión único e irrepetible, un hermano, y una noche en Venezuela, riscando con Juani, no tienen precio (para todo lo demás, ya sabéis, Máster Card).
Se acabó la temporada, se despidió como Dios manda. En marzo volveremos a nuestros ríos con las mismas ganas, más ganas. Es lógico después de un par de días perfectos, con reazo de dos kilos 'parriba' (fallado) incluido.
Me dijo un amigo de los 'de la mano' que dejase algo para el año que viene. Me dejo el reo. Los míos vienen conmigo los 365 días. Eso tampoco tiene precio.

volver a índice de especiales