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Mi querido y
entrañable amigo:
El mundo de la pesca me ha otorgado
satisfacciones tan deliciosas y gratificantes
como fue conocerte.
A tu lado, mis conocimientos del reo eran tan
escasos que me minimizabas con tu verbo fácil,
contundente, serio, riguroso, ameno, entrañable…
Aquella incipiente amistad nos llevó al Sor
-tuyo y nuestro, Sor- y cada lance suponía una
eclosión de talento y bonhomía, cada jornada de
pesca se eternizaba en sapiencia |
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y se
empequeñecía en tiempo, porque las horas a tu lado,
oyéndote, no tenían valor, sencillamente incalculable.
Dionisio, querido amigo, el Sor y la cultura del reo están
en deuda contigo. Los que te conocimos sabemos que tu falta
se perpetuará y en cada lance y en cada captura estará el
magisterio del hombre al que la pesca le debe un
reconocimiento especial.
¿Recuerdas lo que te comenté cuando te firmaba el libro “La
pesca tradicional del reo”?, en efecto, tú tendrías que
estar firmándome el libro a mi. La pesca y la vida, a veces,
son un tanto injustas. Tu y unos pocos más, solo unos pocos
más, podrían firmar –y sin duda mejorar notablemente- un
trabajo que mereció tu aprobación y bendición.
Diniosio, meu, en cada latido de tu corazón bombeabas cariño
y sabiduría reeira. La situación actual de los plateados,
lejos de desanimarte, te provocaba a considerar y desear que
la próxima temporada sería mejor que la anterior. |