A Dionisio Beltrán

Mi querido y entrañable amigo:
El mundo de la pesca me ha otorgado satisfacciones tan deliciosas y gratificantes como fue conocerte.
A tu lado, mis conocimientos del reo eran tan escasos que me minimizabas con tu verbo fácil, contundente, serio, riguroso, ameno, entrañable…
Aquella incipiente amistad nos llevó al Sor -tuyo y nuestro, Sor- y cada lance suponía una eclosión de talento y bonhomía, cada jornada de pesca se eternizaba en sapiencia

y se empequeñecía en tiempo, porque las horas a tu lado, oyéndote, no tenían valor, sencillamente incalculable.
Dionisio, querido amigo, el Sor y la cultura del reo están en deuda contigo. Los que te conocimos sabemos que tu falta se perpetuará y en cada lance y en cada captura estará el magisterio del hombre al que la pesca le debe un reconocimiento especial.
¿Recuerdas lo que te comenté cuando te firmaba el libro “La pesca tradicional del reo”?, en efecto, tú tendrías que estar firmándome el libro a mi. La pesca y la vida, a veces, son un tanto injustas. Tu y unos pocos más, solo unos pocos más, podrían firmar –y sin duda mejorar notablemente- un trabajo que mereció tu aprobación y bendición.
Diniosio, meu, en cada latido de tu corazón bombeabas cariño y sabiduría reeira. La situación actual de los plateados, lejos de desanimarte, te provocaba a considerar y desear que la próxima temporada sería mejor que la anterior.

Hoy estuve en el Sor, en Riberas y un reo rezagado, y algo despistado, me preguntó por ti. Se orilló triste, desolado. En un acto reflejo posturó esperando inútilmente una riscada tuya que no llegó. Cuando lleve la noticia aguas arriba, otros compañeros suyos lamentarán no haber escogido unos de tus ricos para poder vanagloriarse de haber picado en un trebello del Maestro.
Dionisio, buen amigo, dale saludos a Taboada, Cancelo y tanta otra buena gente a los que ya les estarás contando las aventuras y anécdotas de tus jornadas de pesca.
Algún día nos veremos, no se donde, pero nos veremos, y volveremos a hablar de los reos, de los riscos, del Sor y de la pesca.
Hasta cuando sea, viejo amigo.
Miguel Piñeiro.

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