Joaquín España se doctora en Ximonde
Por Eduardo Fernández, periodista y colega de peña.

Sonó como si un paisano hubiera caído al río. "¡Salmón!, ¡salmón!", gritaron cuatro o cinco. En la vida había visto yo tamaño salto fuera del agua del Rey del Río, con esa bravura y con esa fuerza. En la postura Perejil, a diez metros de mí, que me encontraba caña en ristre sobre el mítico Penedo o Pedra de Ramiro, no daba crédito a una visión como de cinemascope: era la recreación misma del sueño premonitorio que el afortunado pescador me venía avanzando desde la tarde anterior.

Joaquín España (también conocido desde el 1 de mayo como La Calma o El Oficio y por la noche como La Satisfacción, ésa que exhala el doctorando que recibe 'cum laude'); tenía clavado un salmón de los de como Dios manda y yo no albergaba la menor duda de cómo finalizaría el sueño, el sueño que ya no era un sueño: Joaquín, doctor en Ximonde tras quince años de intenso estudio, análisis, práctica y comunión con el agua, lo iba a echar, seguro, a tierra. El Ulla se lo debía. Y el Ulla siempre paga sus deudas.
Varios minutos de tensa pericia en el manejo del aparejo, otras dos magníficas y espectaculares cabriolas aéreas en un intento desesperado de zafa y, finalmente, la complicación inesperada que añadió la épica
cinematográfica al lance: "En la pesca, como en la vida, hay que tomar una decisión, y eso es lo que hice, decidir aguantarlo con suavidad... y cuando pensé que podría perderle, opté por sujetarlo con firmeza contra esa piedra, la caña arriba y la línea tensa", nos relata un satisfecho -pero humilde, siempre humilde- Joaquín a Juan Delibes y a este notario de lo acontecido cuando íbamos de regreso a Madrid.
Fue en efecto una acción astuta, y no por rapidísima menos meditada: el salmón bien prendido a quince metros de la orilla pero enganchado el sedal en la vegetación; y además una acción de respeto hacia el pez, casi rendido, pero noble y majestuoso, merecedor de ser cobrado como mandan los cánones y la disciplina. Y generosa también pues por azar del destino ofreció su parte de protagonismo en la secuencia a un ganchero de lujo, Juan Zulueta, quien por arrojo (testosterona) no dudó en jugársela porque "no había otra", "era necesario entrar a por el salmón dentro del río, o lo perderíamos". Y lo hizo, nada menos que a dos palmos de la corriente. Entre atónito y entusiasmado por la belleza de la estampa (que magnífica estética la de la pesca) pronto caí en un detalle nada baladí que exaltaría más si cabe la gesta deportiva: los muchachos de la televisión, del canal Caza y Pesca, habían grabado ese magnífico y soñado plano secuencia. Para dar fe de que el Ulla, sin duda uno de los más bellos ríos de España, siempre cumple con quien le ama y le respeta.

Dos días después estoy convencido de que si Robert Redford hubiera recreado tal cual esta escena en ‘El Río de la Vida’ el espectador diría: "Tiene truco, está preparado, eso sólo ocurre en las películas". Ya me contaréis (lo pondrán pronto en la tele) si es que exagero o si es que me pierde la pasión de compañero. Yo, por mi parte, desde la apertura el sábado en Ximonde amo mucho más Galicia y la Naturaleza, y sospecho que tardaré en volver a disfrutar un lance de tan emotiva belleza.
Enhorabuena profesor España, doctor en Ximonde. Enhorabuena maese Piñeiro: consiguió usted a base de apoyo, amistad y sapiencia que su amigo doblara por fin el pulso a nuestro queridísimo y admirado Ulla.
Madrid, seis de mayo de 2015.

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