ESCÁNDALO EN XIMONDE (XIII)

Entre 6300 y 7900

Fernando Cobo
Profesor de la Facultad de Biología de la Universidad de Santiago
Director de la Estación de Hidrobiología de la USC “Encoro do Con”
Presidente de la Asociación galega de Investigadores da Auga (AGAIA)

 

Entre 6600 y 8100 se encuentra el número de huevos que una hembra, de las características de los salmones decomisados (3738 y 3817 g), puede contener en su aparato reproductor, listos para ser liberados en el río. El cálculo es sencillo pues existen suficientes datos que relacionan la fecundidad y el tamaño corporal de las hembras. Más difícil es estimar el número de huevos que serían fecundados, el número de individuos que llegarían a esguinar o el número de descendientes que finalmente retornasen al río (seguramente después de dos inviernos de mar, como sus padres). Hay quien, según sus datos, concluye que una tasa de supervivencia del uno por mil sería aceptable, y creo que no anda muy equivocado (también, con la misma probabilidad de acierto, podríamos considerar el tres por mil). Así, en términos economicistas, el “lucro cesante” para la población de salmones del Ulla, como consecuencia de la acción furtiva, puede estimarse entre 6 y 8 salmones (o entre 19 y 24) a los que habría que añadir otro tanto si a alguno de los que terminaron sus días en el congelador se les hubiera dado la oportunidad de volver a reproducirse (tarea esta ardua, habida cuenta de la situación de nuestros ríos y mares, pero posible, aunque en un porcentaje cada vez más bajo).
Además del significado de valor inherente a alguna cosa, independientemente de si sirve para satisfacer necesidades y aspiraciones del ser humano, se ha definido el valor intrínseco como aquel basado en el precio de los materiales y mano de obra que hayan entrado en su fabricación. Teniendo esto en consideración, hay que recordar aquí que para ninguna otra especie de nuestra fauna se ha dedicado más tiempo y más dinero en su recuperación que para el salmón atlántico. Si se contabilizase la inversión realizada desde la década de los años 90 del siglo pasado, la cifra podría parecer espeluznante. Para otro momento debemos dejar el análisis de su rentabilidad ecológica, pero este hecho ha conducido a que parte de la inversión realizada, que no siempre ha obedecido a sólidos criterios científicos, haya permitido la creación de herramientas de investigación y gestión valiosísimas como el capturadero de Ximonde y a la consecución de un volumen de datos biológicos tan amplio que la cuenca del Ulla ha merecido la atención de los investigadores de la Universidad de Santiago, de la Universidad de A Coruña y del INRA (Institut scientifique de Recherche Agronomique) francés para, en colaboración con la Xunta de Galicia, proponerlo como candidato a formar parte de una red europea de ríos indicadores de la evolución poblacional de peces migradores. En esta red, a la que solo se accede después del estricto cumplimiento de una serie de férreas características de calidad, están incluidos ríos costeros como el río Frome (Sur de Inglaterra), o el río Bresle (Alta Normandía, Francia). El interés científico de esta iniciativa es enorme y un buen número de profesionales tanto de la Xunta como de las Universidades están implicados en ello. Pues bien, en estas circunstancias la noticia es especialmente amarga y decepcionante, pero la adversidad puede volverse purificadora y confío en que la atención que, en este caso lamentablemente, se levanta en torno al río Ulla sirva como oportunidad de recordar el enorme valor de nuestro patrimonio natural, que por su manifiesto declive, necesita de manera imperiosa de personas éticamente intachables en lo profesional.

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