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Entre 6600 y
8100 se encuentra el número de huevos que una hembra, de las
características de los salmones decomisados (3738 y 3817 g),
puede contener en su aparato reproductor, listos para ser
liberados en el río. El cálculo es sencillo pues existen
suficientes datos que relacionan la fecundidad y el tamaño
corporal de las hembras. Más difícil es estimar el número de
huevos que serían fecundados, el número de individuos que
llegarían a esguinar o el número de descendientes que
finalmente retornasen al río (seguramente después de dos
inviernos de mar, como sus padres). Hay quien, según sus
datos, concluye que una tasa de supervivencia del uno por
mil sería aceptable, y creo que no anda muy equivocado
(también, con la misma probabilidad de acierto, podríamos
considerar el tres por mil). Así, en términos economicistas,
el “lucro cesante” para la población de salmones del Ulla,
como consecuencia de la acción furtiva, puede estimarse
entre 6 y 8 salmones (o entre 19 y 24) a los que habría que
añadir otro tanto si a alguno de los que terminaron sus días
en el congelador se les hubiera dado la oportunidad de
volver a reproducirse (tarea esta ardua, habida cuenta de la
situación de nuestros ríos y mares, pero posible, aunque en
un porcentaje cada vez más bajo).
Además del significado de valor inherente a alguna cosa,
independientemente de si sirve para satisfacer necesidades y
aspiraciones del ser humano, se ha definido el valor
intrínseco como aquel basado en el precio de los materiales
y mano de obra que hayan entrado en su fabricación. Teniendo
esto en consideración, hay que recordar aquí que para
ninguna otra especie de nuestra fauna se ha dedicado más
tiempo y más dinero en su recuperación que para el salmón
atlántico. Si se contabilizase la inversión realizada desde
la década de los años 90 del siglo pasado, la cifra podría
parecer espeluznante. Para otro momento debemos dejar el
análisis de su rentabilidad ecológica, pero este hecho ha
conducido a que parte de la inversión realizada, que no
siempre ha obedecido a sólidos criterios científicos, haya
permitido la creación de herramientas de investigación y
gestión valiosísimas como el capturadero de Ximonde y a la
consecución de un volumen de datos biológicos tan amplio que
la cuenca del Ulla ha merecido la atención de los
investigadores de la Universidad de Santiago, de la
Universidad de A Coruña y del INRA (Institut scientifique de
Recherche Agronomique) francés para, en colaboración con la
Xunta de Galicia, proponerlo como candidato a formar parte
de una red europea de ríos indicadores de la evolución
poblacional de peces migradores. En esta red, a la que solo
se accede después del estricto cumplimiento de una serie de
férreas características de calidad, están incluidos ríos
costeros como el río Frome (Sur de Inglaterra), o el río
Bresle (Alta Normandía, Francia). El interés científico de
esta iniciativa es enorme y un buen número de profesionales
tanto de la Xunta como de las Universidades están implicados
en ello. Pues bien, en estas circunstancias la noticia es
especialmente amarga y decepcionante, pero la adversidad
puede volverse purificadora y confío en que la atención que,
en este caso lamentablemente, se levanta en torno al río
Ulla sirva como oportunidad de recordar el enorme valor de
nuestro patrimonio natural, que por su manifiesto declive,
necesita de manera imperiosa de personas éticamente
intachables en lo profesional. |