ESCÁNDALO EN XIMONDE (XVIII)

LA FÁBULA DEL SALMÓN DE LA MALA SUERTE Y EL ESCÁNDALO DEL ULLA

Pepe Casal
Ponente de la “Lei de Pesca” y Presidente del Club Tambre


Se imaginan un pez que nace en el río Ulla, inicia su vida en malas condiciones por las variaciones de caudal, los nitritos, nitratos y demás parafernalia contaminante que desgraciadamente transporta el agua de este río, y tras pasarlas canutas, ya talludito, se marcha allende los mares, por las Groenlandias, Penínsulas del Labrador, etc. en busca de alimento para crecer y desarrollarse, para ello soporta pescas intensivas, superredes, ataques de focas y otros grandes depredadores y... al final sobrevive...
Después de muchas horas de navegación orientándose con dificultad llega al río que le vio nacer. Duda en comenzar su remonte por la mala calidad del agua y tras estar a punto de dar la vuelta, se decide.
Esquiva redes, aparejos de pescadores, lampreeiros, más depredadores, etc. y al final, por falta de paciencia y no esperar para saltar por donde lo hacen habitualmente muchos de sus compañeros cuando el Ulla crece ya que FENOSA casi siempre turbina, cae en el capturadero de Ximonde.
Allí, cautivo en un pequeño espacio al que ha dado cientos de vueltas y más vueltas, de pronto se ve apresado por una red en forma de embudo y es transportado por el aire, mientras se contornea con todas sus fuerzas para poder saltar al río, a un lugar donde lo anestesian, lo pesan, miden, pinchan para extraerle sangre y lo “operan de amigdalitis” introduciéndole un transmisor. Tras un par de horas, nuevo viaje en un estanque diminuto, eso sí, bien oxigenado, y de pronto, sorpresa, otra vez al río, aguas abajo de Ximonde, por donde se da cuenta que ya ha pasado. Vuelta a emprender el remonte esquivando otra vez obstáculos y depredadores (Queremos creer que redes y pescadores en esa época no).
Llega nuevamente a pie de la presa de Ximonde y pardillo de él, vuelve a tropezar, cuál hombre, en la misma piedra, ¡cae nuevamente en el capturadero!
Recuerda con pavor la gran red que lo vuelve a apresar, otra vez viaje por el aire y cuando espera la anestesia, le dan con algo en la cabeza y se acabó. Termina muerto, todavía traqueotomizado por el transmisor y en un congelador. Seguro que hubiese preferido luchar río arriba, sufrir con los nitritos y nitratos, sobrevivir a los ataques de las nutrias y llegar a pelear por la posesión de un frezadero, e incluso, si me apuran, sufrir el duro combate con el sedal de un pescador intentando romperlo o morir heroicamente luchando hasta su último aliento. Pero no, terminó en el congelador.
Afortunadamente, a pesar de ser un salmón gafe con evidente dosis de mala suerte, su sacrificio no ha sido inútil.
Perdonen el cuento pero es que el análisis de la realidad de los hechos contrastados me pone los pocos pelos que me quedan de punta por la indignación que me produce todo lo acontecido.
Si aplicamos lo que nos ha enseñado la estadística, éste pobre salmón solo tiene dos alternativas: casualmente el y su otro colega también enviado al congelador han sido víctimas de un hecho aislado que le ha convertido en el salmón con más mala suerte del mundo, no en el rey del río, sino el REY DE LOS SALMONES GAFES de entre todos los salmones que han remontado el Ulla en estos años, o, segundo supuesto, ha sido uno más entre otros muchos salmones, que dentro de una práctica habitual terminan en congeladores o van directamente a la mesa, ya que el cálculo de probabilidades estadístico del primer supuesto es mínimo.
Transcritas estas hipótesis, menos mal que hay periodistas como Miguel Piñeiro y Alberto Torres que han luchado y siguen luchando. Todos los que amamos la naturaleza, nos gusta la pesca o simplemente aspiramos a continuar pescando, debemos de apoyarles hasta el final que no es otro que tirar de la manta hasta que se esclarezcan todos los hechos y responsabilidades, para que la vida y muerte del salmón de la mala suerte no sea inútil. También, porque es de justicia, para que los buenos profesionales que trabajan y velan por el Ulla no queden con la mínima sombra de la sospecha sobre sus espaldas.
¡Ah, por higiene mental, por los años y por la experiencia del mundo del deporte, nunca se me ha ocurrido entrar en un foro a opinar bajo un seudónimo! Me parece una auténtica cobardía, una vileza. Cuando comento, hablo, opino, o escribo algo, me identifico o lo firmo.
Animo, Miguel y Alberto, que no hiere quien quiere...

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