Nos ha dejado Guerreiro

Hace unas horas me llama Oscar Gayoso y siempre que llama este pedazo de buena persona siempre es bienvenida la llamada pero hoy no me gustó nada el tono, era un timbre voz diferente. Guerreiro acababa de fallecer.
Después de unos interminables segundos de silencio no acerté a decir nada. Oscar también se quedó callado. No es dado el
buenazo de Gayoso a este tipo de llamadas, a nadie le gustan, pero Óscar sabe del inmenso cariño y respeto que profesé, profeso y seguiré profesando por Xosé Antonio Guerreiro.
- “Gracias, Óscar, ya hablaremos mañana”.
No había nada más que decir.
Nos ha dejado otro grande de la pesca continental.
Xosé Antonio Guerreiro presidió hasta el último momento de vida la prestigiosa Asociación de Pescadores da Ulloa y bien es cierto que secundado notablemente por una directiva comprometida con la pesca y el medio natural.
No se trata, ahora, de hablar de la sociedad, de lo bien estructurada que está ni de los esfuerzos que tendrán que hacer los directivos en trabajar para que el poso de Guerreiro quede para siempre.
Estoy dolido, muy dolido.
La vida, a veces, golpea sin piedad, y esta es una de ellas.
Le tenía un afecto
muy especial a Guerreiro. Todo nobleza y amistad. Un tipo grande-grande.
Siempre me decía Moralejo que los de A Ulloa son diferentes, de una pasta de la que no se estila. Buena gente, todos, pero en especial este pedazo de buena persona que nos deja cuando estamos a punto de iniciar una nueva temporada de pesca.
Daba gusto presenciar sus silencios en las tertulias de pesca y más todavía cuando intervenía con su docta y experimentada opinión.
Jamás le oí levantar la voz, jamás. Rebosaba educación y conocimiento.
Todas las pérdidas son irreparables, pero esta llega a lo más adentro.
Cuando volvamos á Ulloa, este año, y cuando estemos tomando un pincho en el Área Recreativa, nos acordaremos de ti. Nos acordaremos como
también nos acordamos de otros porque vuestro recuerdo es imborrable.
Amigo José Antonio. Me acaba de llamar Juan José, nuestro Doctor, tu Doctor y amigo, y me dijo que ya te están esperando en la mismísima puerta con tu nueva caña en la mano y un vaso de vino. Como siempre. Como nos enseñaste.
Hasta siempre viejo amigo.

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