El Ulla siempre paga sus deudas

Por Joaquín España Aguado

Esta frase que siempre oí de mi buen amigo Miguel, la comprendí el pasado uno de mayo de este año, porque a mí me la pagó con creces.
Creo que en toda mi vida solo he presumido de una cosa, de tener amigos, muchos y de los buenos. Y muchos de ellos están en Galicia. Soy un afortunado al haber conocido hace veinticinco a Miguel Piñeiro, ya que él es el pegamento de unión entre nosotros.
Y como todos los años, él se encarga de echar las solicitudes de pesca en los cotos de Galicia y que, hasta la fecha, nunca fueron excesivamente buenos porque la mayoría de las ocasiones ya estaba cubierto el cupo cuando íbamos o, las menos, porque era muy tarde o las condiciones del agua del río eran pésimas para intentarlo o porque, sencillamente, ese día no había salmones en el río.
Pero he aquí que este año recibo una carta de la Consellería de Medio Ambiente y leo el apartado: “Resultado do sorteo. Posto número 1”. ¡Madre mía! Y enseguida me llama Miguel para comentar la suerte que he tenido junto a otros amigos del grupo. Pero esa alegría se empaña al saber que él, ha quedado el penúltimo en el sorteo ya que llevaba un número anterior al mío. Como se suele decir, la noticia tendría un sabor agridulce si no fuera porque, conociéndole como le conozco, sé que se alegra tanto y que esta tan eufórico que lo suyo es pura anécdota. Disfrutará de este sorteo tanto, o más, que si le hubiera tocado a él. Evidentemente escogemos el primer día de la temporada en el coto de Ximonde del río Ulla.
Al final, los que vamos de Madrid con toda la suerte del mundo somos Juan Delibes, amigo y compañero de profesión de hace muchos años, a la sazón Director de Canal Caza y Pesca del Plus; Eduardo Fernández, otro buen amigo y compañero de profesión que llegó a ser mi jefe en mi paso por la televisión en el desaparecido Canal Campero, y yo.
En Galicia nos esperarán para acompañarnos ese día, Manolo Gómez, de la armería Mago de Chantada y Eloy Saavedra. ¡Manda carallo! El sexto de la terna, Toño Hernández, queda fuera pues se sustituye con un pescador con permiso de Turismo Rural, así que nos acompaña un joven de Carballo, si, si, un joven de Carballo con un permiso de Turismo Rural.
Y como el día anterior hay que pasarse por A Pontenova, ya que a Juan le dan este año la Trucha de Oro, programamos el viaje con tiempo suficiente para organizarnos y llegar a todo a tiempo.
Salimos de Madrid temprano y llegamos a buen puerto.
En A Pontenova, como es costumbre, nos agasajan, el alcalde, Darío Campos; Taracho, que es el Presidente del centro de Iniciativas Turísticas y organizador de la “Festa da Troita”; Mundito, Javier y Moirón. Allí comemos, departimos, y asistimos al pregón que da Juan y a su entrega de la trucha, igual que a los Artesanos de la Pesca, entre los que se encuentran buenos y grandes amigos. Aparece también Miniño, gran pescador cesureño y el Doctor Fernando Cobo, que es el que más sabe de ríos y peces de Galicia.
En la coqueta villa luguesa me entero de que Alberto Torres no podrá acompañarnos… Lo único malo de la visita.
Por la noche, inauguramos el “Aula de Interpretación de la Pesca” con material cedido por Miguel.

Lo antes que podemos, salimos con pena de A Pontenova, pues nos hubiera gustado pescar en el concurso del día posterior y disfrutar de sus atenciones, pero hay que ir a dormir a Padrón, cosa que conseguimos a duras penas a eso de la una de la mañana. Antes de ir a la habitación comento que tengo un palpito y que mañana sacamos un salmón todos.
A mí me cuesta mucho agarrar el sueño, pues ya ¡estoy viviendo otro! ¡Pescar Ximonde el primer día de temporada! Más difícil que el que te pueda tocar la lotería.
Llegamos al coto y lo primero que me viene a la memoria fue la lección de bravura, pundonor y afición que nos dio nuestro querido Doctor Moralejo, hace exactamente diez años, cuando bajo una lluvia torrencial seguía impasible “castigando el río con la cucharilla” como si la edad no fuera con él. Mientras, Miguel, Eduardo, Juan, Toño y yo, lo observábamos desde el pequeño refugio del Cuartel General. Nosotros embobados, mirando. ¡Menuda lección de pundonor que nos dio!
Bien. Ya estamos en Ximonde. Entrañable el saludo con Juan Zulueta, gran pescador y mejor amigo. Él sería, a la postre, gran protagonista del día.
Nos preparamos y llego el último a los puestos de pesca, el recuerdo de Moralejo me ha dado muchos ánimos porque está lloviendo y bastante. El río viene alto ¡Menos excusas y a pescar!
Por encima del Penedo y cerca del vedado, en un puesto al que Paz y Miguel le pusieron “Perejil”, caliento y busco acomodo con el lance. Comienzo la faena, sin descanso y con mucho ánimo.
La mañana trascurre tranquila hasta que oímos el revuelo y los gritos… el chaval de Carballo con Permiso de Turismo Rural que está pescando a cebo, clava el salmón y saca un buen ejemplar. Cumplimos y damos la enhorabuena de corazón.
Entre lance y lance, saludo a grandes maestros que se pasan por allí a saludarnos y darme ánimos. Aparecen el Almirante Louzao, Ismael, Ortega, Mirás, y Salva. Todo un honor para este humilde pescador. Luego llega Toño, el sustituido por un permiso de turismo, sin comentarios.
Eduardo y yo seguimos machacando el río. Eloy y Juan siguen empeñados con la mosca (me quito el sombrero, yo no estoy con la mosca porque estoy convencido de que no está el día para ello, pero es un espectáculo ver como se esfuerzan con maestría, tesón y empeño).
Después de un pincho para reponer fuerzas, aparece el de Chantada, Manolo, dolorido por un ataque ciático. Pero viene a mallar el río como pueda, todo un síntoma de afición.
Y siguen pasando conocidos. Padín, el guarda que conozco hace tantos años, Touceda, Toño, Coco, Virgilio… Viene también Eduardo, nuestro Pater de cabecera, excelente mosquero.

La cosa sigue tranquila a pesar de haber visto bañarse frente a mí a un buen número de salmones, pero hay que reponer fuerzas así que nos vamos a comer a O Rollo. Trato excelente y muy buena comida. Allí nos espera Pepe Casal gran pescador y mejor amigo, conocido preparador físico de muchos equipos y deportistas españoles, que realizó una terapia intensiva de recuperación a Mago.
Nos ponemos en marcha de nuevo y alguien pregunta que qué vamos a hacer esta tarde, y yo no digo que sea premonición pero respondí alto y claro: “vosotros no lo sé, pero yo voy a sacar un salmón” Manolo, me dice que nunca me había visto trabajar el río como hoy ¡Díselo a mi espalda! Que me duele a rabiar.
Antes de volver a pescar, como antigua tradición que es en el Ulla, pedimos a nuestro Pater una bendición que nos da encantado (lo que es la tecnología, la lee de su teléfono móvil, para que luego digan que no es práctico).
Al llegar, mi puesto “Perejil” está ocupado así que espero un rato pescando otros puestos más abajo como Campo de Viso y Corrientes de Reboredo.
Sobre las seis menos cuarto subo a Perejil que estaba sin ocupar. Retomo mi lugar y mi labor. Quince minutos después ¡Zas! La picada franca y brutal del salmón me para en seco y clavo sin dilación. Recuerdo que dije ¡Ya! ¡Salmón, salmón! Y enseguida el vocerío y el griterío de la gente viniendo en tropel a mi puesto.
El salmón tras picar, salta fuera del agua y tira para abajo. Intento pararlo para que no se descuelgue ya que podría liberarse en la zona inferior donde hay mucha piedra y más vegetación. El puesto es bueno para todo excepto para pelear un salmón. Como intento retenerlo vuelve a saltar, esta vez sale un metro fuera del agua enseñándonos a todo su poder y belleza. A esto yo procuro tener tensa la línea pues estoy convencido de la resistencia del material y hasta donde puedo forzar y que si aflojo se suelta (esas cosas te las da la experiencia) El salmón pelea firme y yo no doy la mano a torcer, intento que no baje más y templo para sujetarlo.
Algunos espectadores se ponen nerviosos y subiendo la voz cada uno te dice lo que cree que debes hacer, ya que no coincide con otros y así sucesivamente. Pido calma y silencio, por favor, que me dejen trabajar el plateado, y Miguel, a mi espalda lo repite enérgicamente, por si alguien no se había enterado.
Zulueta, sacadera en mano, está expectante y listo para ejercer su labor.
El hilo se ha quedado tras los “perejiles” que afloran y no me dejan trabajar a gusto la pieza. Pero el sedal no roza el pedrusco, por lo que estoy tranquilo.
Le indico a Zulueta: “A la piedra, mira a ver si llegas a la piedra, que el hilo esta en los perejiles y no puedo hacer más que sujetarlo y cansarlo allí”. Y Juan, con arrojo, se lanza a su conquista del pedrusco “Perejil”. Yo temía que no llegara pues va con el agua al pecho, pero lo hace y conquista la piedra y la hierba. Ahora es su turno y dependo de él. Aflojo algo para Juan tenga sitio para meter la sacadera. Al primer intento, el salmón responde tirando hacia abajo. Lo sujeto y vuelve a saltar fuera del agua. Procuro que no se destense el hilo y de nuevo peleo para traerlo hacia la piedra “Perejil”. Segundo intento con la sacadera pero el pez se zafa de nuevo y hay que volver a comenzar.
Personalmente no me puse nervioso en ningún momento. Confiaba en mí, en Zulueta, en mi equipo de pesca y en que el salmón estaba bien clavado. Estaba tan concentrado que no había a mí alrededor nada más que lo que hacía con el salmón.
Tercer intento. Juan lo mete en el “Trueiro”. Sarta de aplausos y vítores pero Miguel dice que aún no está seguro y que esperemos a que Juan llegue a la orilla, que no es fácil. Pero llega, no sin dificultades, y lo primero que hago es abrazarlo agradeciéndole el lance. Él es el gran protagonista, se ha jugado el tipo para que yo tuviera mi salmón, y eso no lo olvido.
Al fin el Ulla me paga la deuda, como dice el de Catoira. Soy el hombre más feliz del mudo y haberlo conseguido en este río para mi emblemático, ha sido lo mejor. Y estar rodeado de tantos y tan buenos amigos… es para dar envidia ¡Qué afortunado soy!

Pescamos al día siguiente  en el nuevo coto de Pontevea y después de comer emprendimos camino para casa. Allí quedaba el Ulla y todos los amigos que permanecerán para siempre en mi recuerdo, porque entre todos han conseguido este regalazo, este salmón del coto Ximonde del Ulla ¡Qué más puedo pedir!
Y estoy seguro que algo tuvo que ver el Doctor Moralejo, allá donde esté, para que a mí me entrara el salmón y tuviera la fortuna de poseerlo. Sé que hubiera disfrutado este día con nosotros, pero a buen seguro que también lo hizo porque siempre está presente en nuestros corazones.

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