MI PRIMER WALDEMAR
Por Vicente Longo, Waldemarólogo

Hace muchos años que soy aficionado al montaje de artificiales y artilugios diversos, pensados, estudiados  y “paridos” principalmente para satisfacer mi ego pescador, porque PESCAR ha sido mi gran hobby desde que las truchas comen insectos.
Estos últimos años, producto de mis “intrigas”, he concentrado gran parte de mi tiempo en intentar dar un formato más realista a mis señuelos, aunque he comprobado que es un difícil camino y sin final definido.
Soy asturiano de nacimiento y de corazón pero ello no me confiere el don de la escritura florida. Aun así, me veo obligado a plasmar en esta breve reseña las sensaciones que he vivido con mis amigos gallegos, en dos sensacionales fines de semana, aunque difícil será expresar con palabras tanto cariño, calor y acogimiento.
Tuve la fortuna de conocer a Miguel Piñeiro -y la magnífica gente de MiguelPesca y los Artesáns- en la Feria del Salmón de Cornellana. El pasado año no fue mi mejor año, en lo que a la salud se refiere, pero en ese momento adquirí el compromiso de aportar mi granito de arena al stand gallego de la Feria de este año, y así fue; he pasado dos días inolvidables en Cornellana, colmado de inmerecidas atenciones, en un excepcional ambiente y rodeado de gente verdaderamente ÚNICA, con la simple y agradable aportación de exponer alguno de mis montajes y de hacer “un par de bichos” de vez en cuando.
Pero esto no había hecho más que empezar; con la hospitalidad que caracteriza a los gallegos, recibí la invitación de la familia Gayoso y de Julio Seijas para ir a Monterroso a vivir el prestigioso Master Conde de Waldemar de pesca a mosca. Y claro, con el increíble precedente de la feria, me fue imposible negarme.
Os garantizo que, de las vivencias y experiencias vividas, tanto por mi hijo Sergio como yo mismo, mantendré un grandísimo recuerdo para toda la vida. No quiero convertir el resto de estas líneas en un “relato de los hechos”, porque hay sensaciones que no se pueden expresar con palabras: la increíble hospitalidad de Oscar y Mónica, la organización de Seijas, la magnífica compañía de Miguel en el río, el excepcional compañero de jornada, el Dr. Moralejo, la belleza del coto de A Ulloa y del coto de Guntín, el cariño y las permanentes atenciones de los amigos de la Asociación de Pescadores da Ulloa, su Presidente y su secretario, en particular, que nos sorprendieron con buenas viandas a pie de río, sin cesar en el empeño ni un solo momento… Tanta intensidad, y la hora tardía de coger la cama la noche anterior, precisaron que le dedicara un par de horas a “la meditación”, tras la suculenta paella de la que dimos buena cuenta a mediodía en una carballeira típicamente gallega.
Y aunque nuestras amigas las truchas no se mostraron muy animadas por la tarde, pese a que las tentamos con los más atractivos “menús”, acabamos la faena.
Y, si tiempo, nuevamente nos convocan a una espectacular cena, rodeado de gente extraordinaria, y plato tras plato, manjar tras manjar, sorpresa tras sorpresa, premios, regalos y… detalles personalizados que han conseguido emocionar a un “vieyu” como yo.
No se puede describir lo que pasa en el Master Conde de Waldemar; hay que vivirlo. En muy pocas ocasiones he visto a competidores ayudándose entre sí, mostrando sin secretismo sus cajas, compartiendo sin cortapisas sus técnicas… Francamente, demuestran que este Master posee un valor añadido: reúne a una gran familia de amigos de la pesca que consiguen un ambiente excepcional. Tan especial es, que consiguen que los forasteros nos sintamos como en casa y formando parte de esta gran familia.
El trato y el cariño que hemos recibido han sido extraordinarios, incluso desmesurados.
Por todo esto, no dudéis en contar incondicionalmente con vuestro amigo Longo para las próximas ediciones.
Sinceramente agradecido.

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