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Hace muchos años que soy aficionado al montaje de artificiales y
artilugios diversos, pensados, estudiados y “paridos”
principalmente para satisfacer mi ego pescador, porque PESCAR ha
sido mi gran hobby desde que las truchas comen insectos.
Estos últimos años, producto de mis “intrigas”, he concentrado gran
parte de mi tiempo en intentar dar un formato más realista a mis
señuelos, aunque he comprobado que es un difícil camino y sin final
definido.
Soy asturiano de nacimiento y de corazón pero ello no me confiere el
don de la escritura florida. Aun así, me veo obligado a plasmar en
esta breve reseña las sensaciones que he vivido con mis amigos
gallegos, en dos sensacionales fines de semana, aunque difícil será
expresar con palabras tanto cariño, calor y acogimiento.
Tuve la fortuna de conocer a Miguel Piñeiro -y la magnífica gente de
MiguelPesca y los Artesáns- en la Feria del Salmón de Cornellana. El
pasado año no fue mi mejor año, en lo que a la salud se refiere,
pero en ese momento adquirí el compromiso de aportar mi granito de
arena al stand gallego de la Feria de este año, y así fue; he pasado
dos días inolvidables en Cornellana, colmado de inmerecidas
atenciones, en un excepcional ambiente y rodeado de gente
verdaderamente ÚNICA, con la simple y agradable aportación de
exponer alguno de mis montajes y de hacer “un par de bichos” de vez
en cuando.
Pero esto no había hecho más que empezar; con la hospitalidad que
caracteriza a los gallegos, recibí la invitación de la familia
Gayoso y de Julio Seijas para ir a Monterroso a vivir el prestigioso
Master Conde de Waldemar de pesca a mosca. Y claro, con el increíble
precedente de la feria, me fue imposible negarme.
Os garantizo que, de las vivencias y experiencias vividas, tanto por
mi hijo Sergio como yo mismo, mantendré un grandísimo recuerdo para
toda la vida. No quiero convertir el resto de estas líneas en un
“relato de los hechos”, porque hay sensaciones que no se pueden
expresar con palabras: la increíble hospitalidad de Oscar y Mónica,
la organización de Seijas, la magnífica compañía de Miguel en el
río, el excepcional compañero de jornada, el Dr. Moralejo, la
belleza del coto de A Ulloa y del coto de Guntín, el cariño y las
permanentes atenciones de los amigos de la Asociación de Pescadores
da Ulloa, su Presidente y su secretario, en particular, que nos
sorprendieron con buenas viandas a pie de río, sin cesar en el
empeño ni un solo momento… Tanta intensidad, y la hora tardía de
coger la cama la noche anterior, precisaron que le dedicara un par
de horas a “la meditación”, tras la suculenta paella de la que dimos
buena cuenta a mediodía en una carballeira típicamente gallega.
Y aunque nuestras amigas las truchas no se mostraron muy animadas
por la tarde, pese a que las tentamos con los más atractivos
“menús”, acabamos la faena.
Y, si tiempo, nuevamente nos convocan a una espectacular cena,
rodeado de gente extraordinaria, y plato tras plato, manjar tras
manjar, sorpresa tras sorpresa, premios, regalos y… detalles
personalizados que han conseguido emocionar a un “vieyu” como yo.
No se puede describir lo que pasa en el Master Conde de Waldemar;
hay que vivirlo. En muy pocas ocasiones he visto a competidores
ayudándose entre sí, mostrando sin secretismo sus cajas,
compartiendo sin cortapisas sus técnicas… Francamente, demuestran
que este Master posee un valor añadido: reúne a una gran familia de
amigos de la pesca que consiguen un ambiente excepcional. Tan
especial es, que consiguen que los forasteros nos sintamos como en
casa y formando parte de esta gran familia.
El trato y el cariño que hemos recibido han sido extraordinarios,
incluso desmesurados.
Por todo esto, no dudéis en contar incondicionalmente con vuestro
amigo Longo para las próximas ediciones.
Sinceramente agradecido. |