Ríos e Xestas
Por Ricardo Máiz, Pescador

Era de esperar que los ríos de tamaño medio y grande, estarían tomados por aguas que bajarían todavía turbias. Probar suerte con cucharas o moscas se hacía un tanto desaconsejable y el que no fue previsor o no le gustaba la modalidad, se hartó de andar y andar río, errante como alma en pena buscando aguas finas y más calmadas. Me refiero a aquellos que se ubicaron en playas fluviales o áreas de recreo donde lanzar se puede hacer incluso de espaldas al río.
Los demás, los que fuimos a “miñoca” y los hábiles ballesteros, las pasamos canutas para poner un cebo en la orilla o un hierro en un “curruncho”. Tanto los regatos como los ríos grandes o medianos, discurren abrazados en todo su curso por montañas de mierda, de “xestas”, de varillas que salen del agua como agujas y de trampas en forma de ocultos agujeros malditos, ideales para fractura de tibia y peroné o cuando menos, de una rodilla. Buscar un trozo de río, una tabla lenta o por lo menos limpia, donde puedas poner tu caña al parado o pescar al tiento, se puede convertir en una excursión peligrosa. Las botas y las manos llenas de arañazos porque las zarzas sobrepasan los senderos, esos pequeños caminos de la ribera que tienes que ir buscando con un palpado de suelo con tus pies. La gorra quedó atrás. Ya volverás a buscarla cuando encuentres donde maniobrar porque ahora es imposible.
Un ojo lo dedicas a no enganchar la puntera de tu caña en la maraña de ramas y zarzas; el otro, para ayudar a tus pies a no equivocarse y a no enredarse en las trampas de suelo, las raíces y las malditas “xestas”. Después de comprobar una y otra vez lo poco hábil que es uno y con el ardor y dolor de un buen arañazo en la mano, encuentras un remolino donde las aguas parecen detenerse y la sensación es total, es como una bocanada de alivio como cuando encuentras sitio donde aparcar tu coche en los aledaños de un hospital. Como no hay mucho sitio para maniobrar, concentras todos tus sentidos para cambiar la lombriz que viene rozada y troceada por la maleza y pones una nueva. Con un cuidado extremo y gran precisión, salvas palitos, ramitas y helechitos y dejas caer el engaño cerca del borde y hasta el fondo. Ahora apoyas con cuidado de que la puntera no sobresalga mucho y vuelves a maniobrar hacia atrás, salvando casi todo lo que sorteaste hace un momento y hacia delante. Toca esperar… ¡Nada¡. Lleva así más de diez minutos y no le hacen ni puto caso. Vuelta a empezar y a la inversa. Se enganchó el hilo que sale del carrete con una ramita y al intentar recoger, se engancha también la puntera porque el cebo estaba clavado en unas ramas cerca del fondo, en fin…, rotura de hilo, búsqueda de lugar despejado y vuelta a montar un nuevo anzuelo y plomado, no sin antes volver a pasar el hilo por las diez mil anillas de la puñetera caña.
El martes, día 19, tenía permiso para Pontemaceira. No encontré un solo sitio donde meter la caña de lombriz. Cambié de lugar cuatro veces por el mismo motivo y debo insistir en el trastorno que supone volver a cruzar el prado, desmontar la caña de tres tramos, guardar todo en el coche y buscar otra postura. Desde la playa de Tapia hasta Pontemaceira, repetí la misma faena cuatro veces. Terminé por abandonar la idea de pescar en el Tambre y decidí volverme a casa. Muy cerca, recordé que el regatito que desemboca en el de Osebe, estuvo vedado cuatro años y, aunque sea preciso devolverlas, me entretendré un rato… ¿No? Pesqué lo que pude, porque estaba invadido en sus márgenes también de mierda zarzosa y no tuve ni una sola picada. Me encontré a dos pescadores que por la edad se ve que eran expertos y que conocían muy bien el regato. Ambos se preguntaron lo mismo: Si en estos años pasados y en especial el último, el regato estuvo vedado y se veían infinidad de truchas, ¿Dónde están ahora? Es el segundo día de pesca y el primer día fue exactamente igual de desastroso. No se pescó nada. ¡Huy, qué raro! ¿No?
¿Qué tal si la Consellería planifica con las sociedades una limpieza de márgenes, a mayores de la de cauces y aporta unos euritos para dejar los ríos, tan siquiera, pescables? Y si ponemos a los sancionados de tráfico por alcoholemia a redimir sus penas con esta labor, ¿protestarían los políticos también por esto? Los agricultores no pueden hacer podas selectivas de ameneiros que dan demasiada sombra a sus prados porque los queman a sanciones. Por eso tampoco se arriesgan a limpiar las riberas de zarzas y hierbajos. Estamos listos.
Estoy en casa muerto de asco y con sensación de derrota. Tal y como van los ríos, por muy mal que piquen las truchas, que no puedas pescar por culpa de la maldita mierda, es desesperante. Habrá que esperar a poder meterse dentro y pescar con las moscas.

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