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Compartir una jornada de pesca en
el Mero es marcar los tiempos. Hay un paso previo, medio y hasta
post por Casa Alfredo de obligado cumplimiento que ya decora la
varada. No es lo mismo coger el permiso con una sonrisa que con mala
leche, y con Alfredo siempre sales como el de las patatas Risi.
En este caso me fui a mi querido Mero, padre de la ría de mi adorada
Coruña de plata vaticana y nácar paquense, con “Los Migueles”, un
dúo de reciente creación, aunque obvio conocimiento mutuo, que dará
mucho que hablar por cuanta feira y romaría pesqueira se tercie su
presencia.
El Mero es un río noble. Le han dado muy duro pero no hinca el pie.
La presa de Cecebre, especies invasoras (no sólo bajo el agua, sino
en las ramas) catalogadas en el último trabajo del Grupo
Especialista de Invasiones Biológicas, el furtivismo, las obras
desproporcionadas en sus márgenes y hasta en su propio caudal han
venido dañando al río de manera sistemática.
Podemos decir ¿ahora ya está?
Si los vecinos están contentos porque las riadas están controladas,
si la administración está contenta con los nuevos equipamientos de
la zona, si no se van a hacer más obras, es hora de emprender una
acción de recuperación decidida del Río Mero.
Es un cauce que puede tener escuelas de pesca, campeonatos, aula del
río, está pegado al área metropolitana más importante del norte
gallego...
¿Más razones? |