|
Ahora que se acerca la apertura de la
temporada sueño con ríos llenos de agua, cielos cubiertos de nubes y que
los peces acudan a la llamada del curso que los vio nacer.
El temporal de días pasados, tampoco es necesario, no vaya a ser que
después de toda el agua caída, no quede ni una gota para el mes de
junio.
Y no me quejo, pero ya me han comentado que en el Ulla los furtivos han
sacado hace unos días 9 salmones, todos machos, y aunque es verdad que
si un río no tiene furtivos no tiene peces, también es verdad que los
furtivos deberían de ir dejando de ser furtivos porque entonces si que
con los pocos peces o salmones que hay en los ríos se van a tener que ir
para casa.
Así pues, en vísperas de una nueva temporada de salmónidos, los ríos van
llenos hasta las orillas y muchos de ellos desbordados. Espero y deseo
que siga habiendo agua, pero no tanta, porque no es nada bueno para
nadie.
Una cosa esta clara, este año no tendremos tanto zancado como la
temporada pasada y los inviernos han vuelto a ser inviernos. Esperemos
que la primavera venga en primavera y el verano en verano; en fin que
las cosas están mejor en su sitio.
Pronto veremos si los pájaros empiezan a cantar, si los árboles brotan
adecuadamente, que la primavera venga cuando le toca y con la fuerza que
es de esperar. La trucha tendrá hambre, el salmón subirá por el cauce y
el reo se presentará en la desembocadura en mayor número en mayo.
¿Adelantar acontecimientos? pues no, esto es un ritual que la madre
naturaleza viene repitiendo año tras año, como también se repite el
acopio de permisos en el sorteo y, como consecuencia de esto, los
señores recaudadores de Medio Ambiente hacen su agosto con los sueños de
los pescadores.
Vivir el presente de la pesca es un lujo pero mucho más es vivir el
futuro en tiempos de cambios constantes, como el climático, con
influencia en la cantidad y calidad de las aguas que regulan el
comportamiento de los peces hasta límites insospechados.
Tanto es así que el resultado de las frezas es importantísimo, el
comportamiento de los peces en la migración al río o al mar cada vez es
más difícil de prever y el comportamiento alimentario de la trucha cada
vez es más inverosímil, porque además cada vez tiene más miedo a comer.
Somos muchos los que le pedimos lo mismo al río y cada vez somos menos
los que no estamos de acuerdo en lo mismo, pero poco se hace y mucho se
pide. Al final, nada.
El que pide, por no exigir, desea y el que ni exige ni pide… calla y
otorga.
Pero al empezar la temporada todos estamos allí para más de lo mismo y
pasa lo que siempre pasa, que sin darse cuenta uno ni hace ni deja hacer
y como siempre sucede más del bla-bla-bla.
Como todos los principios de todas las temporadas de años anteriores.
Es que todos somos tan buenos que no hay quien nos supere ¿Acaso nuestra
sombra?
Pues eso. Saudiños que chove de carallo. |