A Julio Seijas
Por Nino Corral

Asistí a la presentación del libro “Cousas da mosca. Dicionario do mosqueiro” en Santiago. Me habían invitado los autores y tenía interés por escuchar las diferentes intervenciones. No me llamaron especialmente la atención las cariñosas expresiones de alabanzas personales que se profirieron los intervinientes entre si. Parecen asquerosamente enamorados unos de otros, pero yo creo que no solo lo parecen, si no que lo están. Ahí hay más que simples aprecios personales, y esto no se estila en el mundo de la pesca donde, en muchas ocasiones, las vanidades o las envidias marcan amistades y comportamientos. Aquellos que me conocen saben que siempre digo lo que pienso, al grano, sin rodeos, directamente; como se deben decir las cosas.
En ausencia de Julio por motivos familiares de fuerza mayor, se leyó un texto del Artesán. Después de escuchar atentamente el discurso de O´Perruqueiro de Lugo, quiero dar mi opinión sobre este hombre.
Aún sin conocerlo en profundidad, a mi no me cabe ninguna duda de que Julio Seijas es un tipo fuera de lo corriente, independientemente del virtuosismo que tiene, tanto en sus montajes como en su técnica de pesca.
Yo siempre digo, y mantengo, que un pescador debe estar siempre dispuesto a compartir, aunque para ello tenga que sacrificar algo tan preciado como pueden ser sus zonas predilectas de pesca, y, en consecuencia, sus peces. Esa es la generosidad de aquellos a los que considero “pescadores” con todos los tratamientos.
Y digo esto para que lo sepan todos los que lean estas líneas porque en varias ocasiones –más bien pocas- he tenido la suerte y el placer de disfrutar de mesa y mantel con él o de irme a Lugo a echar unas cervezas y a hacer unas risas con Comba, Castrillejo, Xosé Manuel y algunos otros de la peña. De aquella, ya hace años, se empezaba a oír algo de Seijas por Lugo pero todavía no había dado el salto cualitativo de los últimos años; es decir, que aún no era “internacional” como lo es en la actualidad.
Recuerdo en una ocasión, cuando ante varios comensales preguntó: “¿Alguno de vosotros ha visto pescar a Nino? Yo si lo he visto”. Me di cuenta de que decía aquello como un reto para los presentes puesto que Seijas conoce mis preferencias por andar siempre como desaparecido por los libres de los ríos de esta Galicia que aún poseen lugares recónditos y salvajes lejos de la actuación de la mano del hombre. Julio sabía esto y puso a prueba a todos. Y hoy, con mis achaques, sigo intentando pescar disfrutando en solitario por parajes poco frecuentados por pescadores.
Hace años, accidentalmente, nos encontramos Julio y yo en el Neira. Era un sitio de truchas gordas, muy gordas. Llegamos al mismo tiempo, yo iba con mi hermano. El tramo del río no era lo suficientemente espacioso como para pescar los tres a la vez. Ante lo evidente, Julio se brindó para que lo pescáramos mi hermano y yo. Estaba claro que Julito controlaba el lugar y que era una de sus zonas predilectas para pescar sólo y al sereno, pero aún así insistió en dejarnos el tramo para nosotros. A pesar de su generosa insistencia, declinamos su invitación y cambiamos de sitio dejando el tramo para que lo disfrutara como haríamos nosotros.
Esto, y otras cosas, es lo que de verdad me gusta de Julito (como yo le llamo con cariño y espero que no le parezca mal). Y no sólo es generoso, destaca también por su naturalidad y espontaneidad.
A día de hoy, aún no he pescado con él, y pienso que ya va siendo hora… Sin duda, con más o menos truchas, lo pasaremos bien porque las risas están garantizadas, cuestión imprescindible para mí porque así veo yo esta afición que otros toman mucho más seriamente.
Vaya desde estas líneas mi pequeño homenaje, a la par que mi reconocimiento y admiración a este hombre que considero amigo. Y de amigos, en la pesca, nadie anda sobrado.
Enhorabuena, Julito, por tu “Dicionario do mosqueiro” y por tus muchos otros logros en el mundo de la pesca.

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