Lampreas en el Embalse de Portodemouros

Todos sabemos que aguas arriba de las grandes presas como Barrié, Frieira, etc. no hay salmones ni reos ni lampreas ya que las antiestéticas y grotescas moles de hormigón impiden el remonte de lo peces.
Sin embargo ¡En Portodemouros hay lampreas!
Días atrás Pepe Casal estaba pescando en el embalse. Clavó una trucha y observó que tenía una herida muy característica en un costado.
Poco después clavó otra pintona y al acercarla vio que una especie de cobra o anguila venía adherida a la trucha y al llevarla a tierra se soltó pero Casal pudo ponerle el pie y comprobar que era una lamprea de unos 15 cms.
Tuvo otra picada con una lamprea embudada y una última, un buen ejemplar de trucha, que tenía dos lampreas adheridas a sus costados.
Pepe guardó uno de los ejemplares de trucha y una de las lampreas para que el Doctor Fernando Cobo le diese su opinión.
Cobo afirma que los ejemplares capturados por Pepe son juveniles de lamprea de unos 20 cms (post-metamórfico), estado al que llegan después de su fase larvaria. Son ejemplares que teóricamente están en su fase de bajada al mar. Nacieron aguas arriba de Portodemouros y con unos cuatro o cinco años de edad –dato interesante- intentan la migración al mar.
Dice el eminente Doctor que este hallazgo no va a revolucionar el mundo científico pero que tiene mucha importancia ya que es el primer indicio de poblaciones de lampreas cerradas en Galicia. En otros países del mundo hay lampreas que cierran su ciclo en agua dulce porque una barrera que se lo impide o porque llegan a un lago y se quedan en él, que es lo que pasa los grandes lagos de América del norte.
Esta población del embalse gallego, según el científico, tendría su origen en las lampreas que en día quedaron aisladas por la construcción del embalse de Portodemouros. Lo normal sería que la población hubiese desaparecido, de ahí la importancia del asunto.
Non se sabe por qué razones se mantuvo una población en número desconocido o si es residual. Tampoco se conoce su identidad genética.
Todo esto representa un estímulo para el mundo científico.
En términos de tiempo biológico, los 40 años que lleva construido el embalse de Portodemouros (1968) es un simple instante, por ello no significa nada desde el punto de vista evolutivo o genético.
Fernando Cobo y su equipo tienen por delante la tarea de investigar, muestrear y analizar con detenimiento el hallazgo de Pepe Casal y sabremos los resultados a su debido tiempo.

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