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Estos días habíamos hablado de ti, al saber del fallecimiento de
nuestro común amigo Dionisio y estaba para llamarte como solía hacer a
menudo pero no me has dado tiempo.
No tenía nada mejor que hacer que volver a rememorar los
recuerdos de unas intensas jornadas en el Sor. Me puse un
malta y reparé en el gran trabajo que hacía -y hace- Jara y
Sedal. Con ese reportaje, me vinieron a la mente otros
momentos, y te iba a llamar o a poner un correo cuando me
llama Álvaro, que perpetúa tu figura en nuestro Jara y
Sedal, que no salía de su estupefacción. Durante minutos hablamos
con grandes silencios. Aún no era de dominio público.
Y en ese momento afloraron más recuerdos de todos estos
años.
Nunca, ya sabes, nunca, podré agradecerte tu prólogo mi
segundo libro, y no sólo el texto, si no venirte a Galicia
con Fernando a la presentación. Bien, la verdad sea dicha,
en Madrid no se comen los guisotes de xouviñas ni el pulpo
en caldeirada de tu amiga Maruja, mi suegra. Oye, ¡Cómo te
gustaban!
Tampoco podré darte las gracias por lo mucho que aprendí a
tu lado, de la pesca, de la profesión y, sobre todo, de las
personas.
Acabo de hablar con Juan y quedó de piedra. Después de un
prolongado silencio acertó a decirme: "la mosca de Couso"...
¿Recuerdas cuando intentábamos el campano del Ulla, le
hiciste una mosca y le plomaste la línea? Me acuerdo de Juan
clavado, inmóvil... |