Hasta pronto, Rafa.

Otra puñalada. Y van…
¡Uff!, Qué racha.
Nos queda el consuelo de que, a donde vas, tienes quien te espere. Pero no es consuelo.
Siempre te recordaremos y máxime cuando muchos de tus amigos de Latorre estén pescando y miren para el mango o para el portacarretes. Estarás con nosotros. Ya sabes de qué te hablo.
Y uno que yo se me, te recordará cada vez que monte ninfas en el secadero que le hiciste. Creo que fue tu último trabajo.
Sin hacer mucho barullo fuiste aprendiendo y absorbiendo conocimientos hasta conseguir unos acabados muy meritorios. Absolutamente dignos.
Siempre estabas cuando se te pedía algo. Por muy complicado que fuese, nunca dejabas de sonreír. Y si la cosa era mucho más menuda, pues gracejo y guasa…
Nunca hacías ruido ni polemizabas. Dabas tu sensata opinión y hasta conseguías que otros cambiaran de parecer.
Ni las plicas en cero te borraban la sonrisa… y los éxitos, que los hubo, no te subieron a la parra. Discreto, callado, humilde…
Todos los socios de un club son importantes, los pescadores también, pero en Latorre dejas un poso especial. Se te quiso y se te quiere. Ya se te recuerda.
Donde vas no hay vedados ni cotos ni normativas. Estarás bien.
Algún día nos encontraremos todos por ahí y ya nos contarás…
Un abrazo y hasta cuando sea, amigo Rafa.
Miguel Piñeiro