Amigo José Manuel:
Hoy tus amigos, los pescadores del Ulla, te hemos hecho el pasillo de honor con las cañas en alto que no mostraban la sonrisa de costumbre. Las anillas eran lágrimas de tristeza y el frágil sedal era el nexo que nos aferraba a ti en tantas y tantas jornadas inolvidables de pesca en nuestros cotos salmoneros.
Querido José Manuel, hoy tus amigos no hablamos de grandes pescatas, ni de la pesca; apenas hemos hablado. Un silencio cómplice recorría nuestras miradas entrecruzadas presintiendo el vacío que dejas entre nosotros.
Y es que el mundo de la pesca y nuestro Ulla no se puede permitir la ausencia de personas tan queridas como tu.
Hoy, me di la vuelta y me entristeció pensar que no te encontraré como hice tantas veces en Couso, en el banco de piedra mirando fijamente a la caída de la presa y al discurrir de la corriente, mirando… absorto en la inmensidad de nuestro río…

Y, aún así, me acerqué a Couso. Acerté el olor de la soledad. Bajé por la escalera del refugio y fui caminando despacio por la orilla en la que dejaste tus posturas. Le susurré al agua que ya no volverías… Bajó la mirada, como tus amigos, y comprendió…
Decidí compartir mi tristeza con el banco, tu banco, nuestro banco, y, mirando la grandiosidad de Couso, el Ulla lloraba por un amigo.
En A Croeira, ¿recuerdas?, las piedras se arremolinaban en las orilla incrédulas y doloridas.
El chispeante murmullo del agua en O Lazareto llevaba la tristeza hasta O Salto do Can y de ahí el Ulla llegaba llorando a La Piedra de Fernández. Desde O Lampreeiro peregrinaba hasta el duro y agreste Lapido donde el silencio de nuestro río se imponía a su belleza.
Amigo José Manuel, ¿Quién le ofrecerá ahora el abrazo tierno como tú solías hacer?, ¿Quién curará las heridas a nuestro maltratado Ulla? ¿Quién comprenderá ahora el sentir del agua saltarina como hiciste tú?
Sinde y Ximonde ya lo saben y no se hacen a la idea. Como nosotros.
En Padrón, hace poco, tu fragilidad no te impidió estar con nosotros para hablar y hablar de los peces, de la pesca, de las personas y del Ulla. Te fuiste apagando con la misma humildad que te hizo grande entre los ribereños de nuestro río.
Hasta siempre José Manuel, Amigo Reimondez.

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