Waldemar 2012, por Guy Roques

Una vez más, gracias al trabajo de sus organizadores, Oscar Gayoso y Julio Seijas, el Master de Waldemar fue todo un éxito. Claro que la noción de master incluye la idea de competición, una competición que adquiere cada año más éxito por participar en ella buen número de los mejores pescadores a látigo de España, con la destacada presencia del joven y modesto campeón del mundo 2012, David Arcay.
Sin embargo alrededor del restaurante Conde de Waldemar lo que me pareció prevalecer no fue el espíritu, a veces puro y duro, de competición sino un ambiente de compañerismo, de pescadores felices de encontrarse otra vez. Es cierto que desde la primera noche la generosa cena contribuyó a derramar alegría a pesar de un corte de luz de mucha gravedad que milagrosamente fue arreglado en poco tiempo gracias a la rapidez de decisión de Oscar y de ejecución del electricista que acudió a toda prisa a las once de la noche. Pero nadie se maravilló del milagro considerando probablemente que es una cosa natural en el Camino de Santiago.
El sábado 21, la competición tuvo lugar en el río Ulla con un nivel de agua excepcionalmente bajo este año, es decir con difíciles problemas de captura que se solucionaron más o menos bien según los tramos;  el eterno problema de los tramos, nuestra mayor excusa cuando no pescamos.... Todas las actividades humanas necesitan escapatorias para seguir con ellas, para volver a ellas con esperanzas nuevas. Y la pesca también. En la comida organizada a pie de río en el área recreativa de Monterroso no faltó nada, ni mucho menos. Eso también hay que saber  organizarlo para tantas personas.
A la hora de la cena empezó a llover... dos tipos de lluvia, una lluvia de platos a cual más sabrosos y una lluvia de regalos entre los cuales el libro Siempre Moralejo que publicaron en memoria del Doctor Moralejo sus entrañables  amigos de TRUEIRO. Tuve el honor de entregar el premio al ganador del concurso, Miguel Prieto. Enhorabuena al segundo Rafa Bellas y el bronce para mi amigo Julio Seijas.
Aproveché la ocasión para dedicar mi libro Mosquero Andante a Oscar y su familia que a mi juicio se han ganado una mención especial por su labor y su generosidad.
Terminaré con una sugerencia para el año que viene: citar en la cena de clausura, por lo menos, a los diez primeros clasificados del concurso que se merecen este reconocimiento por haber logrado, en su lucha con las difíciles truchas, una buena clasificación.
--gR
julio 2012

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