A Juan Ventura Guimarey

Adiós, Juanito.
Mi amigo Juan Ventura Guimarey era uno de esos personajes que no pueden faltar en un club que se precie. Y es que un club sin este tipo de socios queda descafeinado.
Juan, el eterno chaval, tenía tanta habilidad con las ahogadas como finura e ironía en la distancia corta.
Hace años, muchos años, ¡Uf, como pasa el tiempo!, con ocasión de un curso de Salmo tuve el placer y la suerte de que coincidiéramos en la comida. Una velada difícil de olvidar, unas horas que marcaron una buena amistad y el respeto que profeso por una buena persona, amante de la pesca e incondicional de las moscas.
Ayer, otro gran amigo, Manuel García, me daba la tristísima noticia del fallecimiento de Juan El Plumas y la tristeza, aun siendo evidente que Juan ya tenía una edad, no deja de ser tristeza.
El Plumas… Vaya tío. Te ganaba. En la distancia corta no tenías opciones y si de plumas se trataba, tampoco.
Tenía un gracejo… Y puesto a vacilar…
Hoy puedo, y debo, confesar que a Juan en cierta ocasión le mentí. Hace años hablando de la efectividad de las ahogadas me dio una cajita con unas cuantas moscas acompañadas de un demoledor: “Se non pescas con estas, retírate”. Tiempo después me preguntó qué tal fueran las moscas, le comenté que aún no las había utilizado y me recriminó mi desesperante lentitud en la probatura de tan magistrales montajes. En la siguiente ocasión no le iba a dar ni la más mínima posibilidad, tan pronto me preguntó cómo me fueran las moscas le comenté que unas las había perdido en un lance desafortunado y que las otras –otro trallo completo- se las llevara como medalla un ejemplar de esos que meten miedo y que tiene mi Ulla. Juanito fijó la vista y quedó un tanto pensativo, creo que incrédulo; mientras, yo me estaba preparando para encajar el derechazo dialéctico que me iba a propinar, pero sorprendentemente, en uno de sus chispazos y en tono cómplice sólo me dijo: “Xa che farei máis”.
Mentí, las moscas aún las conservo y en la misma caja en la que me las entregó, reitero, hace ya muchos años. Sin usarlas más que para verlas en ocasiones cuando me dejo caer por mi mesa de montaje. Allí está la cajita de mi amigo El Plumas, allí donde guardo los incunables, las obras de arte que con el paso de los años van ganando en valor que no se puede cuantificar, no tiene precio, el humano. La cajita ya va perdiendo el trazo del bolígrafo con el que escribió mi nombre en la tapa y, con unos dibujos, la colocación de las mocas en la tapa inferior. Con la misma letra que en la tapa de abajo volvía a recordarme con muchos más detalles cómo y dónde meter las moscas en el trallo. El Plumas… entrañable y sabio.
De vez en cuando, en esas ocasiones en las que me siento frente al torno con poco ánimo creativo, seguiré abriendo la caja para seguir creyendo que el mundo de la pesca tiene personas y cosas verdaderamente excepcionales como mi amigo Juan, El Plumas.
MIGUEL PIÑEIRO

 

Querido Juan:
Espero que allí, a donde vas, haya un montón de reos que entrarán a tus moscas, como siempre, como si fuera una jornada en Ponte do Porto de las de antes, de pescar mucho y bien.
Ya ves. Te has marchado sin dejarme que te enseñase un librito en el que cuento una anécdota tuya. Quería regalártelo para recordar con gratitud aquella cajita de moscas con la que tú me obsequiaste hace algunos años.
Ya dejé el club hace tiempo, como sabes, pero aún así sé lo que te van a echar de menos tus compañeros, porque has sido una parte fundamental de Salmo.
Han sido muchísimos años, tanto, que ahora, para todos los amigos que por esta otra parte dejas, serás eterno.
Menuda la que liarás por ahí cuando te reencuentras con un montón de amigos pescadores. Que se vayan preparando. Llega el jefe.
Ahora, querido ‘Plumas’, recuperarás la vista, precisamente, de un plumazo, y podrás volver a montar un montón de moscas para regalar a toda la cuadrilla que por ahí pescáis. Volverás a estar ágil para pegarte madrugones, rápido como el viento sobre el río Grande.
Podrás ser como la brisa sobre el Xallas o la niebla pegada al Anllóns, o un enorme salmón que nunca será pescado, por bravo y listo... No sé qué elegirás, pero siempre habrá algún momento en nuestras jornadas de pesca, seguro que entre tus amigos de Salmo, muchas tardes en el club, en muchos lances de la vida, en que tu sonrisa pícara aparecerá para recordarnos que, si no pescamos con tus moscas, mejor que nos retiremos.
Descansa en Paz.
En tu memoria.
ALBERTO TORRES