Presentación del libro "Siempre Moralejo"
Intervención de Alberto Torres

Buenas tardes.
No vamos a decir que sea éste un día alegre, porque no lo es. Nos mueven muchos sentimientos y, con ellos, una de las máximas de nuestro profesor Moralejo: la responsabilidad.
El Xornal Trueiro, fundado por el Doctor, con una ilusión juvenil que perdurará mientras Dios nos dé fuerzas, se siente responsable, como debemos sentirnos todos los aquí presentes, de un patrimonio maravilloso, que ha de perdurar y hemos de salvaguardar con el mismo empeño y decisión con el que Juanjo mandaba un trallo de Piñeiro a tomar por saco.
Como humanistas a nivel usuario que somos los periodistas encontramos en Juanjo un referente absoluto, un perfecto índice de lo que uno quiere ser cuando sea mayor. Un Da Vinci de nuestro tiempo, una vasta sabiduría con elegante control y una perfecta definición de cada letra, cada frase, cada obra, cada guiño, cada melodía, cada caricatura.
La responsabilidad, mandamiento que debiera ser más común en los hombres, se hizo virtud en Moralejo, haciendo más grande su buena raza. Sus valores han enseñado bien a su Trueiro y gracias a su impronta, la editora trabaja con celeridad, dentro de sus medios pero allegro, para presentar hoy sus obras de pescantín, una filosofía de contenido, de matices, de pulcritud, una belleza literaria que, sólo un hombre con su infinito talento, podría firmar.
Este acto, este libro, es la demostración del amor que siempre hemos sentido por el Doctor y la constatación de que nos esforzaremos para que su legado sea recogido por las generaciones venideras.
Tuvimos la suerte de que Moralejo fuera pescador. Inmensa suerte, porque si hubiera sido Miembro Reconocido de la Asociación de Colombofilia y no se hubiera empeñado en la Reoscopia pasando el MIR en Leningrado, las palomas irían en nave espacial, no existiría el Trueiro y seríamos mucho menos inteligentes que lo poco que antes éramos.
Juanjo y sus compañeros pescantines nos unimos en un río y esa unión es vínculo férreo e indisoluble. Fuimos, somos y seremos sus amigos de este confesable vicio pesqueiro y Trueiro.
Hoy presentamos el legado de nuestro Doctor en el mundo de la pesca. Con su pasión por tener enganchado un pez y con su diáfana y certera crítica a la contaminación, al purinazo, a las presas y al furtivo.
“Siempre Moralejo” es lo que nos enseñó, nos inculcó y hemos aprendido para luchar por la pureza del agua.
Es nuestra filosofía, nuestra teología, un afortunado cúmulo de axiomas sobre pesca y vida.
Este libro es una gran historia de amistad.
Empezando por uno de sus mejores amigos personales, Ricardo García Borregón-Millán. Gracias Ricardo.
Queremos agradecer, y agradecemos, a Siro López el cariño que, pocas horas después de que Juanjo empezase a lanzar en nuevos ríos con viejos compañeros, mostró por el trabajo que hoy Juanjo pone en vuestras manos. Alguna de sus caricaturas es la mejor de las fotos, Gracias Siro.
También queremos mostrar la enorme gratitud de Ediciones Trueiro para con la La Voz de Galicia por su desinteresada aportación de artículos, tras una fructífera y cariñosa relación entre ambos. Moralejo era maestro de periodistas y también nos dio clase en La Voz.
El Corte Inglés era posada y fonda, parada emocional para nuestro Doctor y al frente del centro santiagués, un amigo que deja huella. Manuel Guitián, agradecidos.
El apartado fotográfico, la maquetación, los montajes, la edición… cada asignatura tiene sus nombres y el correspondiente agradecimiento a todos ellos. María José García, nuestra lingüista y profesora, gracias por acompañarnos en esta causa trueira. Gracias por tu enorme aportación.
Cómo no, Paulino Novo, uno de los nuestros, con la caña de pescar en una mano, con el corrector ortográfico en la otra. Gracias Pauli.
Y a tantos otros… A todos aquellos que en un trabajo duro y difícil, pero reconfortante, nos habéis estado apoyando sabedores de las dificultades anímicas. Gracias a todos.
Querida familia de Juanjo, queridos amigos.
El Trueiro pierde a su principal exponente por sus brillantes artículos, su criterio para la decisión editorial, su conjugación del orden de las noticias, su magna docencia, su ironía sin parangón, su crítica inimitable, su maestría para nuestras dudas, su consejo y visión impecable de toda realidad.
Juanjo nos acompañó en cuanto acto de su Trueiro se celebró, gala, presentación, reunión, caterva, parranda, sarao, botellón, contubernio, cita, cónclave, farra, evento... Desde el primero… Hasta el acto de hoy.
El folio del Doctor era, para nosotros, un regalo que aguardábamos con ansia, sabedores de que editarlo en una página era poner el papel en elevado rango, darle exponente “n” a las letras de un periódico.
Cada uno de sus folios ante el público era sublime. Además, gozábamos con la pequeña satisfacción de leerlo antes que nadie. Cuando llegaba un correo electrónico: “Artículo del Doctor”, se nos ponía una sonrisa tipo Risi en la cara.
Leer al Doc es disfrutar de lo bueno, de lo que vale la pena, de lo que gusta releer. Absoluta calidad. Método, esencia, clave… El Profesor convivió con la musa y la hizo compañera de vida como a nosotros de pesca.
El periódico del Doctor, el de su propiedad, donde invirtió su último folio, es el Trueiro. Él decía “yo soy Trueiro”.
Con él lo fundamos. Y para él era cojopendo. Cojonudo+Estupendo. Les recomiendo el libro Siempre Moralejo, página 59.
Gracias a Moralejo Trueiro se hizo Ediciones Trueiro. Así que imaginaos el enorme espacio que nos deja. Él lo llenaba todo, en cada acto, en cada artículo, en cada guiño…
No sé cómo habrá sido ir a los toros con Hemingway, pero sé lo que es haber pescado con Moralejo. Su ausencia será abrumadora, como su estar lo fue desde que le conocimos.
Así que, responsablemente, como él nos enseñó, como conclusión, poniendo a nuestro profesor donde se merece, en nuestro epicentro cardio-vital, diremos que su Trueiro, en cada día, en cada lance, en cada envite, en cada río, llevará el nombre y la esencia de nuestro profesor, compañero, y amigo.
Siempre Moralejo.
Muchas gracias

Intervención de Miguel Piñeiro

Bos días.
Baixo ningún concepto nos permitiríamos que o acto de hoxe fose triste. É unha obriga contraída con Juanjo. Así pois, ao noso estilo, imos lembrar a unha persona verdadeiramente irrepetible, con agarimo e cunha pinga de humor pois temos permiso da família.
O 25 de maio de 2005, ás seis e vinte da tarde, Moralejo poñíame textualmente nun correo: “Neno, pasácheste algo máis ca un pouco pero é o día de pasármonos porque pasado mañá xá ninguén se lembrará de nós e non nos poderemos pasar”.
Quizás foi ista a única observación nada acertada do Doutor xa que nós non consentiremos que se lle esqueza nunca mais.
Se lles parece, imos amosar a calidade humana e as evidencias da talla persoal e pescantina dunha figura verdadeiramente excepcional.
Cando entablamos amizade, decateime axiña de que tiñamos algo en común, isto me facultaba plenipotenciariamente para falar con él sen rodeos, face to face.
No primeiro acto que compartimos xuntos, afirmaba o Doutor que se sorprendía de ver a un grupo de persoas con tan boa saude, pois os primeiros aos que lle perguntou polo auditorio mandárono sen preámbulos ao tanatorio. E, como todo se pega, nesas andamos, e agora cando pregunto pola biblioteca, normalmente me mandan á vinoteca. Ainda así, entre auditorios, bibliotecas e vinotecas, tivemos moito tempo para compartir experiencias con este prodixio da fala e da ocurrencia.
En todos estes anos, co noso inseparable Zulu, empeñámonos en lucir capote nos cursos mais afamados e facer honores á escrita e á falada.
Por iso, en verdade, creo que son unha persoa privilexiada.
Moitos devecían por estaren ao seu carón cando acadaba capturas de auténtico porte e cando completaba capotes de sonora envergadura; eu, agraciado que fun, presenciei uns e outros en primeira persoa e fun quen de facerlle os coros nos berros de ledicia nos primeiros e nas xustificadas pestes que profería nos segundos.
Animoso á hora de erguerse para ir de pesca e avesamente preguiceiro –pero britânico- á hora de deixar de pescar, proporcionoume, este home, momentos francamente irrepetibles en moitas xornadas de pesca. Mesmo cheguei a non pescar para simplemente gozar da súa engaiolante e cativadora conversa. Xustifico, deste xeito, a miña escasa fortuna pescando pois xa hai tempo que non podo atender a duas cousas á vez.
Juan José Moralejo, como él se definía, foi un pescantín que en tempos de veda daba clases na facultade. Gustou tanto de pescar que, en ocasións, perdía a cabeza.
Moralejo, lamentablemente, non se pode clonar e ninguén será capaz de alquimizar tanto talento para inmortalizar auténticos incunables como os que nos obsequiou. Un dos mais coñecidos, cando proclamou: “Piñeiro, ¡unha troita! ¡O meu reino por unha troita!”. E aseveraba que, de cambiar um reino faríase por unha troita, nunca por un cabalo.
A súa prodixiosa intelectualidade condicionaba cada saída de pesca. “Neno, imos ao Sor” e picabamos billete de inmediato. Pero ademais de pescar no Sor o que quería era ir a Estaca de Bares. Unha vez no Barqueiro, xa me encargaba eu de non ver a estaca pero de visitar todos os bares (lembren que me mandan á vinoteca). Isto daba que pensar e alguns que estaban plenamente convencidos que andabamos todo o día de parranda.
Non pode extrañar, pois, que o Doutor gozase de todo tipo de privilexios e poidese pescar ata a fartura, o que desencadeaba unha explosión de xúbilo que non está ao alcance dos mortais.
Podo asegurarlles que, como pescador, Moralejo foi convencionalmente formal ainda que, en ocasións, a súa xenética lévouno a curiosear sen limites, polo que era frecuente sorprendelo en lugares nada aconsellables.
Certamente, como pescador, facía algunhas cousas raras. Isto obedece, tamén, a que o Doutor desenvolvía unha metodoloxía baseada nuns ritmos e rituais atávicos e ancestrais merecentes de seren estudiados pola ciencia.
Por todo isto foi cultivando amizades polo Baixo Ulla, polo Alto Ulla, no Tambre, n
o seu Miño, no Masma, no Mandeo, no Xuvia, nos ríos de Castela e León e nos do Principado, entre outros. Iso si, sempre pechabamos a temporada no Ulla do que chegou a escribir: “Cando chegas ao Ulla, corpo a terra; porque un río é un río e o demais son caralladas”.
Vou concluindo.
O meu trato co Doutor non tivo condicionantes académicos senón amigables da vida e, por tanto, máis fortes e duradeiros que un penedo do Tambre ou que un perpiaño do Miño.
A máxima aristotélica de que “o ignorante afirma, o sabio dubida e reflexiona”, vivina reflectida moreas de veces en Moralejo dubidando e reflexionando, concedéndolle unha aureola aínda mais seria e distante, se cabe, de cómo foi en realidade.
Certamente, a pesar de non ter pasado pola súa docencia en aula universitaria, fachendeo de telo feito pola súa aula mundolóxica. Créanme, teño feito un “Mestrado en Mundoloxía” no tempo no que me distinguiu coa súa amizade.
Moralejo -e Álvarez por parte de nai- foi unha persoa de reclinatorio. Tan ben amoblada tiña a cabeza que podería albergar á mesmísima biblioteca de Alejandría.
Podería chamarse García, López ou mesmamente Piñeiro, con sumo repecto para uns e outros, especialmente para estes últimos, pero non, ata tivo a sorte xenealóxica de poder fachendear dunha primeira ringleira do DNI pouco habitual.
Eu dirixíame a él como Doutor; eu ben me entendía e el entendíame ben. Esa condición de Doutor era todo un seguro e garante en certas circunstancias. Houbo un tempo no que un gardarríos como escoitaba aquelo de Doutor por aço, Doutor por acolá... ofreceuse a levarnos e traernos, unha e outra vez, no seu coche, ata que un día, interesadamente preguntou ao de Cortegada en qué hospital exercía e qué operaba. Moralejo, incauto, e moi ao meu pesar, lle dixo que era mellor que non se puxera malo porque él era doutor de aula, non de fonendo. Quedamos sen chofer.
Agora que o botamos de menos, decatámonos de que a súa amizade rendibilizou máis que unha concellería de urbanismo e que ademáis de sermos compañeiros de pesca fomos amigos e compañeiros de viaxe, e compartimos unha profunda admiración pola cultura lampreeira e a crítica feroz ao feísmo na construción, á contaminación dos ríos e aos atentados que sofre o medio natural deste País.
Por todo isto, teño sobrados e xustificados motivos para que siga entre nós acompañándonos nas nosas xornadas de pesca que, todo hai que dicilo, nalgunhas ocasións, son de todo menos de pesca.
Debo facer mención, tamén, á fina ironía do meu Doutor. Foi unha constante e un sinal de identidade de seu. Pero ademáis á sutileza da súa prosa hai que engadir unha aplastante clarividencia para ir máis aló do entendemento dos simples mortais.
Certo día, á conclusión dun acto, e sen aviso previo, invitárono a dicir tres palabras. Dixo textualmente:
“Pídenme que lles diga tres palabras: ¡Bilbao, pescadilla, camión!”
Querido Juanjo, non esaxero se che digo que a túa amizade foi unha das grandes satisfaccións que tiven na miña vida e só podo pedir e desexar que, á nosa maneira, sigas acompañándonos botando unhas varadas e vivindo o mundo da pesca. Sempre estarás preto de nós.
Non pido moito, son home de praceres humildes e non anceio moito máis que non me falle a memoria para seguir lembrando as emocións que vivín a carón dunha persoa verdadeiramente excepcional como foches ti.
Doc, ser o teu colega en Trueiro foi un honor, ser o teu compañeiro de pesca foi un pracer e ser o teu amigo un auténtico privilexio.
Podería seguir falando do meu doctor, do meu amigo, pero mo impide a Lei de Protección de Datos e, en aras de non caer no tedio por exceso de tempo, poño remate á miña intervención cunha referencia obrigada e garimosa á familia.
Queridas Merche, Cucarachitas e familia de Juanjo, dóuvos as grazas por permitirme gozar da súa compañía perdendo vós de estar con él. Creédeme que o coidamos ata onde poidemos, que o respectamos e que o quixemos.
Sempre Moralejo.
Gracias.
Mais nada, graciñas a todos vostedes e deséxolles que gocen do libro como nós gozamos do Doutor.

Intervención de Pepe Casal

Yo soy un poco como mi amigo Fernando Romay que no es de leer sino de decir, e intentando emularlo digo que, como también dijo nuestro querido Doctor en la presentación del libro de Miguel Piñeiro sobre la Lamprea en Padrón: Sr. Presidente del Gobierno… ¿No ha venido?. Sr. Presidente de la Xunta… pues tampoco ha venido. Sr. Ministro de Medio Ambiente… ha tenido problemas con el coche oficial. Señoras, señores, miembros, miembras, miembrillos y mermeladas ya que como ustedes deben saber miembrillo no tiene femenino. Buenos días a todas y a todos.
Hoy no quisiera volver a hablar de Juanjo Moralejo, sobre todo después de escuchar a mis predecesores, que a pesar de su juventud son dos auténticos mihuras de la comunicación con los que es imposible competir y a los que les he marcado, con todo el cariño del mundo, el reto de intentar paliar la falta de nuestro querido doctor en todos los actos, festejos, concursos, o reuniones serias en los que Trueiro o MiguelPesca estén presentes o aparezcan por alguna parte, teniendo la responsabilidad de cerrar los actos con su intervención ¡Talento, como habrán podido comprobar, les sobra!
Sucederlo es tarea imposible ya que, por un lado, nuestro grupo no es lógicamente monárquico y, por el otro, llegar al nivel de sabiduría de Juanjo es tarea más que difícil, ya que como muy bien dijo Alberto ha sido una figura humanística irrepetible y lo que tenemos que hacer entre todos es conseguir que su presencia en forma de justo enaltecimiento de su recuerdo se perpetúe entre todos sus amigos pescadores que lo hemos disfrutado y le seguimos queriendo.
Los sabios tradicionales suelen ser tipos raros, normalmente inaccesibles, metidos todo el día en su laboratorio o en su despacho y con aspecto intelectualoide que los hace todavía más distantes. A veces cejijuntos o como mínimo con el entrecejo arrugado y siempre con las gafas en la punta de la nariz. Normalmente distantes, inmersos en sus reflexiones y poco comunicativos por estar siempre pensando y viviendo en su mundo. Insisto en decir que Juanjo era un sabio pero no el prototipo estereotipado, el sabio al uso, porque a él le gustaba pescar y como pescador de caña, de ferretería, era un tipo como los tricópteros que a veces eclosionan en los ríos para que las truchas espabilen y nosotros podamos pescarlas, era un ser natural, espontáneo, amigo de sus amigos y un coñón, Los sabios suelen ser serios, solemnes y con poco sentido del humor, algo que a Juanjo le sobraba incluso cuando truchas, reos y salmones se mostraban esquivos.
Sabiduría aparte, quiero centrarme en éste estupendo libro. Lo definiría como un libro sencillo y elegante a la par que discreto, dentro de lo juvenil pero sin salirse de lo clásico.
Me explico. Es un libro sencillo porque es un libro fácil de leer, es ameno y cercano ya que habla sobre nuestros problemas piscícolas. Es un libro que aconsejo leer por parciales y disfrutar de vez en cuando leyendo dos o tres artículos geniales y volverlo a dejar descansando en la mesilla de noche o en la mesa del salón hasta la siguiente ocasión. En resumen, no es un libro para leer por capítulos sino por artículos.
Es elegante tal y como determina en la propia portada su autor vestido en plan gentleman inglés, camisa Burberry incluida, en el coto de Couso lanzando con diestro y también elegante toque de muñeca tres moscas de Piñeiro.
Es un libro discreto en su formato a pesar de su gran contenido y en su tamaño, fácil de llevar como compañero de viaje.
Es un libro juvenil ya que así era el espíritu de su autor y así es el espíritu de todos los que han, hemos, colaborado para que esté aquí, delante de ustedes.
Es un libro clásico como no puede ser de otra forma ya que fue parido por un padre que aparte de pescar y ser licenciado en Truchología daba clases de griego en la Universidad y para colmo le puso de nombre Helena con hache a una de sus hijas.
En definitiva es un libro de culto, de recuerdo, de presencia, y de necesidad, ya que con él queremos que la irrepetible figura de nuestro querido doctor siempre esté con nosotros, a nuestro lado desde el primer día de su falta como si compartiésemos postura y lance en busca de la picada a mosca de una trucha o el furibundo ataque de un reo al risco.
Es un libro realizado con mucho esfuerzo y con una gran dedicación en el que se recopilan todos los artículos publicados en Trueiro, en la web MiguelPesca, en la Voz de Galicia y la transcripción de las numerosísimas intervenciones con las que el Doctor cerraba actos, concursos y encuentros de pesca con su siempre ingenioso, comprometido y acertado comentario. También se referencian sus conferencias, los prólogos de varios libros, y como no, todo lo que escribió en estado puro. También se transcribe una entrevista realizada con motivo de su 70 aniversario en septiembre de 2011 en el programa Ríos e Montes de la Radio Galega.
Es de justicia destacar, y así quiero hacerlo, el palizón de trabajo que se han pegado Miguel Piñeiro y Alberto Torres para sacar el libro a la luz en tiempo record. Se han tenido que emplear a fondo durante muchas horas pero si les digo la verdad, les ha sido muy fácil por que la motivación que les ha dado el cariño y el afecto que le profesaban ha sido como el queroseno para los aviones a reacción.
También quiero agradecer, en nombre de todos, la acogida que siempre nos dispensa Manolo Guitián en este Centro que para los pescadores es como nuestra casa. No me puedo olvidar de las cinco geniales caricaturas de Siro López que han llenado de vena artística el contenido del libro. Son cinco dibujos cojopendos, ya saben porque Alberto Torres se me ha adelantado, cojonudos y estupendos, que reflejan acierto y amistad.
Por último agradecemos a Ricardo García Borregón que desde la dirección xeral de Conservación da Natureza nos ha prestado una gran ayuda para que un vivo testimonio de la defensa de Galicia y de sus ecosistemas fluviales permanezca vigente y próximo para todos los que luchamos y seguiremos luchando en su memoria en aras de mantener su mismo compromiso con los ríos de Galicia.

Intervención de Manuel Guitián

En primer lugar, como Director de este Centro de El Corte Inglés, y como amigo de Juan Moralejo, gracias Miguel, gracias Alberto, por haber elegido a “Ámbito Cultural El Corte Inglés” para la presentación del libro “Siempre Moralejo”; este es un espacio en dónde Juan, en muchas ocasiones, nos hizo disfrutar, reír y pensar. Gracias también a todos los asistentes y a todos los amigos de Juan por acudir a este acto.
Tuve la suerte de conocer a Juan, a través de Pepe Casal y Miguel Piñeiro, en 1999, un año después de la inauguración de este Centro. En ese momento se colocó el primer eslabón de una cadena que nos unió, y une, eslabón que tiene un nombre propio: LA PESCA, con mayúsculas.
La Pesca es para nosotros, los pescadores, algo que nos ata a dos mundos profundos, desconocidos, ocultos, insondables, imprevisibles, como son, por un lado, las aguas, y por otro, los peces. Y esta unión entre seres humanos, agua y peces, engendra sueños, ilusiones, deseos de contactar con la naturaleza más pura, ansias de bañarnos en aire limpio, en libertad, en luz, en sonidos como el del agua, el del viento, el de los pájaros…
Esta pasión es la que también crea obras maestras de la literatura, del cine, de la pintura, de la artesanía, todos con el tema central del agua y los peces. A veces pienso que en nosotros, los pescadores, perdura un gen que nos une de un modo especial a nuestro pasado, cuando éramos peces…
¿Qué somos los pescadores? Cito a dos escritores, y también pescadores, admirados por Juan: Uno, Norman Maclean, en su libro “El Río de la Vida”, quien nos define como “hombres con una varita mágica en un río”; otro, Miguel Delibes nos definía así: “Un hombre, un paisaje, una pasión”.
Antes hablaba de un primer eslabón que nos unió, a El Corte Inglés y a mí, con Juan. Luego fueron surgiendo otros que ampliaron y fortalecieron esta cadena: sus parlamentos y charlas, la mayoría desarrollados en este mismo lugar, plenos de la intensidad, amor por la naturaleza, gran carga intelectual y literaria, y ese sentido del humor tan propio de Juan, humor lleno de nuestra retranca gallega y sana ironía, y con un añadido: denuncia valiente de los abusos que constantemente sufren nuestras aguas, consideradas en muchas ocasiones, no un bien común, sino un coto particular.
Y sólo en Galicia somos, entre río y mar, más de 150.000 las personas que nos definimos como pescadores deportivos. Ojala un día seamos capaces de unirnos para defender, con toda nuestra fuerza, la libertad y calidad de nuestras aguas. Es defender nuestras vidas. Ese día Juan nos sonreirá desde su Deva, su Tambre, su Ulla, eternamente unidos a él.
Y estos eslabones de la cadena que nos ataba y ata, continuaron en aumento con las comidas compartidas, unas en este Centro, otras en el entorno de Santiago, dónde siempre la pesca y su mundo eran temas centrales; con sus colaboraciones varias, como su prólogo al libro, editado por este Centro en el año 2009, “En los Ríos de Galicia”, libro que recoge un ramillete de relatos llenos de frescura, en cuya selección, como Presidente del Jurado, participó Juan, como también lo hizo en el último Concurso de Relatos que sobre “Agua y Vida” convocó este Centro el año pasado.
Los eslabones de esta cadena son muchos; he citado sólo algunos. La cadena continuará fortaleciéndose con el tiempo, porque hemos asumido sus ideas y sus ilusiones, y estas perdurarán mientras nosotros seamos capaces de hacerlas nuestras y defenderlas. El libro “Siempre Moralejo” nos ayudará a tenerlas siempre presentes.
Gracias a todos y, sobre todo, gracias Juan.

Intervención de Ricardo García-Borregón Millán

Buenas tardes.
Primeramente, quiero dar las gracias al Grupo Trueiro por haberme invitado a participar en este acto y agradecerles su trabajo en la elaboración de este libro. Habéis trabajado con premura y con la ilusión de ofrecer a Juan José un reconocimiento a su aportación a este mundo de la pesca deportiva que el tanto amaba.
Querida Merche, querida familia, queridos amigos, nos reúne hoy aquí la figura de un amigo, de una persona a la que hemos querido y queremos, y siempre recordaremos, a Juan José Moralejo.
Los muchos amigos de la pesca, esta afición que le apasionó y de la que tanto disfrutó, hemos querido recordarle simbólicamente en este acto en el que se presenta un libro recopilatorio de sus escritos. Son artículos y conferencias en los que expresa sus vivencias y sentimientos, expone sus denuncias, presenta sus propuestas y cuenta sus anécdotas con maestría, simpatía y buen estilo. En definitiva se recoge en este libro su manera de pensar y entender las cosas de la pesca y sus circunstancias.
Los promotores de esta publicación y amigos queremos testimoniar con este trabajo el aprecio, el cariño y la admiración que le hemos mostrado en vida y contribuír a que se tenga siempre presente su legado en esta faceta que llenó buena parte del tiempo de ocio que disfrutó.
Juan José ha dejado un gran vacío en este mundo de los ríos y los valiosos recursos naturales que en ellos se atesoran. Ha dejado un hueco irreparable entre los amigos que le escuchaban y aprendían de sus discursos a la vez que se divertían con sus ocurrencias atinadas. Todos los amigos en esta afición sienten la orfandad que solo el tiempo podrá ir atenuando.
Reitero mi agradecimiento a todos los que han hecho posible esta publicación que hoy se presenta. Este acto de presentación es un pequeño homenaje, pero sentido y entrañable, a la vida de un apasionado de la pesca, de los ríos y de la naturaleza, por cierto, tantas veces agredida. Agresiones que tanto le dolían e indignaban y que tantas veces Juan José denunció en sus escritos.
Este homenaje lo compartimos todos los que sentimos tu ausencia, pero siempre te tendremos en el recuerdo.
Muchas gracias a todos por estar aquí, por acompañarnos, por arropar especialmente a la familia y por mostrar vuestro afecto a nuestro amigo Juan José.
Siempre te tendremos presente, profesor Moralejo.

Intervención de Helena Moralejo

Hola a todos.
En nombre de la familia quiero agradeceros la edición de este libro, la organización de este acto y otros momentos tan entrañables.
Mi padre nos hablaba mucho de todos vosotros. De cada jornada de pesca, bueno, o siendo más quisquillosos, de cada jornada en el río, ya que peces y caña y no iban siempre unidos… nos hacía un relato pormenorizado de lugares, situaciones, lances y emociones.
Hoy, en este acto tan cariñoso, queremos daros las gracias por vuestra amabilidad, por ser como sois y trasladaros nuestro convencimiento de que en los últimos años, la pesca y vosotros lo hicisteis inmensamente feliz. Solo le faltó una cosa: el salmón… aunque ahumado, con alcaparras, he de deciros que tuvo todo el que quiso.
La vida le regaló una prórroga que coincidió con vuestra amistad.
Sabemos del cariño, casi devoción, que le profesabais al Doctor, y mi padre sintió de cerca ese cariño, ese respeto, esa admiración.
Os renovamos nuestra amistad y nuestro agradecimiento por todo lo que habéis hecho por él y también por nosotras.
Muchas gracias.