|
Ahora
veo cómo llega a puerto mi amigo. Se me han ido dos de una mala ola.
Se me han marchado para siempre.
El Cunchiñas no aguantó. Palidecen As Cunchas ante la idea de no
veros más, de no poder sentarme, como en tantas noches, a hablar y
hablar mientras
"as estreliñas lle dan bicos
a ría". No me lo
imagino. Y tengo que empezar a hacerlo.
Sobra decir lo que hicisteis por nosotros, siempre con nuestro
grupo, en nuestros actos, que eran vuestros. Lo que no podré dejar
de agradecer es lo que hicisteis por mí.
No sé si podré regresar y sé que me estaréis afeando la conducta por
pensar que con vuestra partida se ha muerto también un trozo de mi
alma y puede que no pise más Abuín.
Pero es así, Tino, es así, Vicente. Me va costar Dios y ayuda
plantarme ante la Virgen de Guadalupe, mi Virgen, y ponerme a llorar
las lágrimas que sé que aún me caerán. De hecho lo hacen ahora.
Lo que sí os digo es que os llevaré siempre conmigo, mi sonrisa
será, cuando vuelva, otra vez la vuestra, aunque Rianxo, Leiro, esa
tierra que tanto me ha dado, que me dio dos amigos, tiene un mar que
me los ha quitado a navaja.
Mi dolor es el de muchos.
El tiempo no lo curará, lo llevaré en la espalda y contaré a mi
hijo, cuando crezca, cómo se pescan las fanecas, como me enseñó
Tino, y cómo se cogen los longueirones. Como me enseño Vicente.
No os olvidaré. Nuestra estrella hará lo que siempre hizo en nuestra
canción.
Brillar y brillar.
Alberto Torres |