A TINO Y VICENTE

El mar se me ha llevado a dos amigos. Tino y Vicente. Dos personas importantísimas en mi vida. La boca de la Ría de Arousa, O Carreiro, fue su último aliento, el mar que tanto querían, que tanto respetaban, un golpe nefasto que nos ha noqueado a todos los que tuvimos la fortuna de conocerlos, de disfrutar de ellos.
Mi Rianxo llora, como lloro yo. Mi Leiro ha enmudecido ante tal desgracia. Hablé con ellos hace horas y no me despedí. ¿Quién lo ha hecho? ¿Quién os ha dicho “gracias”? ¿Quién “hasta siempre”?

Me duele el alma, Tino, me duele mucho. Me enseñaste a amar la Ría, me enseñaste el valor de la amistad. Estuviste conmigo en los momentos más duros de estos años. Siempre a mi lado, siempre ayudando, siempre con una sonrisa. Me duele el corazón Vicente, a toda mi familia. Fuiste mi casa, un hogar en el que descansar, un destino al que no sé si podré volver.
Han sido horas de angustia hasta que la espuma de Aguiño nos devolvió a Tino. Un hombre fuerte en todos los sentidos. Un portento. Quizá por eso mis lágrimas en las horas en que te buscábamos albergaban una esperanza mínima. Con vosotros aprendí que un envite así es casi imposible de superar.

Ahora veo cómo llega a puerto mi amigo. Se me han ido dos de una mala ola. Se me han marchado para siempre.
El Cunchiñas no aguantó. Palidecen As Cunchas ante la idea de no veros más, de no poder sentarme, como en tantas noches, a hablar y hablar mientras
"as estreliñas lle dan bicos a ría". No me lo imagino. Y tengo que empezar a hacerlo.
Sobra decir lo que hicisteis por nosotros, siempre con nuestro grupo, en nuestros actos, que eran vuestros. Lo que no podré dejar de agradecer es lo que hicisteis por mí.
No sé si podré regresar y sé que me estaréis afeando la conducta por pensar que con vuestra partida se ha muerto también un trozo de mi alma y puede que no pise más Abuín.
Pero es así, Tino, es así, Vicente. Me va costar Dios y ayuda plantarme ante la Virgen de Guadalupe, mi Virgen, y ponerme a llorar las lágrimas que sé que aún me caerán. De hecho lo hacen ahora.
Lo que sí os digo es que os llevaré siempre conmigo, mi sonrisa será, cuando vuelva, otra vez la vuestra, aunque Rianxo, Leiro, esa tierra que tanto me ha dado, que me dio dos amigos, tiene un mar que me los ha quitado a navaja.
Mi dolor es el de muchos.
El tiempo no lo curará, lo llevaré en la espalda y contaré a mi hijo, cuando crezca, cómo se pescan las fanecas, como me enseñó Tino, y cómo se cogen los longueirones. Como me enseño Vicente.
No os olvidaré. Nuestra estrella hará lo que siempre hizo en nuestra canción.
Brillar y brillar.
Alberto Torres

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