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Querido Alberto:
Hay amistades que se forjan en base al respeto, al talento, incluso
a la sana envidia y a otras cuestiones más que no vienen al caso.
Pero las enumeradas son las que me hacen considerar que nuestra
amistad es a prueba de bombas por numerosos motivos. Los principales
son que nos une el amor por una profesión encantadoramente
fagocitadora, que sabemos respetarnos, que cada uno de nosotros
tiene sana envidia del otro y después vienen todas las demás.
Viene esto a cuento porque el cariño que demostramos por el
periodismo –y de esto hemos hablado desde Venezuela hasta Os Mallos,
pasando por Chelo- ha fortalecido una amistad tan fuerte como
tardía. ¿Dónde estabas metido, meu?
Los últimos años han sido tan intensamente fructíferos, tan
reconfortantes, tan llenos de pasión por la pesca, tan preñados de
compromiso profesional, que me veo en la necesidad de recordarte que
-siendo de Ferrol- debes buscar la luz del faro. Que, por mucho que
cuatro obstinados pretendan amordazarte, no lo van
a conseguir porque cada día somos más los que remamos en la misma
dirección y porque la sumisión está dando paso a la voz disidente.
Qué fácil es disponer de la justicia y del pleito cuando no salen
del bolsillo propio. Qué sencillo es atemorizar, amedrentar y
utilizar acciones disuasorias en la convicción de que eres tan
mediocre como ellos.
Pues ahora que han comido la carne que se preparen para roer o
oso, y sabes de qué te hablo. Malo si le sale bien y peor si le
sale mal.
Sepas, querido amigo, que estoy más próximo a ti en estos momentos
en que ejercer la profesión se interpreta como una injuria. Los que
te conocemos sabemos que jamás, insisto, jamás, utilizarías el
desprecio personal y mucho menos basado en taras, condiciones o
defectos físicos.
Es de mentes retorcidas –sabemos de lo que son capaces- pensar que
una afirmación tuya lleva implícita la enjundia del asqueo, del
insulto, de la injuria.
Los que no tenemos ganas ni tiempo de andar perdiendo el idem en
juzgados y en pleitos, no acabamos de entender cómo otros sí lo
hacen, pero de nuevo el dedo en la llaga: con el monedero común, que
el suyo particular no se resiente de estos menesteres.
Es auténticamente lamentable que un dinero que tendría que
utilizarse en llegar hasta el final en el tema del Xallas, o en
saber por qué se instalaron barreras anticontaminación en el Ulla, o
por qué murieron las truchas y salmones del Verdugo, o esclarecer la
mortandad del Eume, o en pedir y
exigir responsabilidades a quien corresponda, etcétera, se emplee en
intentar acallar a quien no escribe a su dictado.
Hacia finales de mes estaré una vez más contigo, a tu lado, a la
par, hombro con hombro, bogando, aguantando la afrenta de unos
sujetos que no entienden el significado de la libertad de
expresión y el ejercicio de nuestra profesión.
Recuerda, Alberto, cuando seas yunque aguanta, cuando seas martillo
golpea...
Y de esto hablaremos y daremos más explicaciones a su debido tiempo
y donde más les duele, en la prensa.
Miguel Piñeiro |