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Así que el día 28, San Wenceslao, aterrizamos en el
cuartel general de Pazos, donde tengo una posesión en
forma de habitación en el Hotel Scala.
La cosa empezó el jueves, con una buena cena y mejores
compañeros. Don Miguel, anfitrión de fuste, abolengo y
tronío y Don Tino, gran pescador de mar y de allén de
los mares, donde domina la pesca en Colombia, Brasil,
Venezuela...
Tras las copitas de rigor y con solo tres horas de sueño
y mucho sueño, nos encaminamos al coto de Ximonde.
Allí pescaba uno de Ferrol, cuando era Gimonde, todo el
río para él, cuando no había Junta de Galicia. Ahora hay
Xunta y es Ximonde, como mandan los cánones. Caben
cuatro cañas, una era la mía; las de Toño, Joaquín y
Javi no pudieron comparecer en las riberas del Ulla por
varios motivos. Toño tenía que enviar un Correo, la
gripe azotó España y en Albacete hay inundaciones... Así
que, como buen ferrolano y como el Claudillo, o don
Claudio, tuve tooooodo el coto de Ximonde para mí.
Todito. |
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Y como el
Claudillo llevé un ganchero de cuidado, Piñeiro, al que sólo le
faltó engancharme un pexego de dos kilos en el anzuelo.
Con sus probadas y efectivas moscas y un risco al que bautizamos
como Paco, prospectamos cuanta agua hay en Ximonde.
Por la mañana los reos se movieron, hasta me saludaron, uno en
especial, que saltó de cuerpo entero para descojonarse de risa
mientras lanzaba a escasos metros de él... Pero nada de nada, ni
picada.
A la diez pusimos rumbo a Sinde. Esperaban Moraleja, Zulueta y
Xaquín, que andaba de ganchero reprimido por no poder lanzar. Donde
el Señor de la Moscas mandó poner el aparejo, reo subió. Donde no
mandó lanzar, no lanzaron, porque en este río se hace lo que mandan
Piñeiro y Muíños. E non teño máis que dicir.
O Neto de Muíños hizo subir al séptimo cielo al de Eibar con cuatro
clavadas de las que salen en los libros de historia mientras el
Doctor se afanaba en apresurar la temporada –Annus
Horribilissimus-
para que concluyese su calvario y acercarse a la de 2008 que, a
huevos, tiene que ser mejor que la ya finiquitada.
Aquí no fue el fin de fiesta. Fue el Sinde-siesta matinal, y me
sentó de maravilla antes de encaminarnos a Outeira, donde la croca y
el pulpo se hacen con todos los sacramentos posibles.
Buena comida, buena bebida, y una partidita. Te apuesto un trallo
contra mi nuevo risco, tu ratoncito contra mi mosquita... Ya saben.
Cafeses varios y de nuevo a Ximonde, con siestecita vespertina como
mandan los cánones, por si acaso, hasta que llegue la hora mágica
del risco. Son sólo diez minutillos de pesca, pero son largos,
eternos, tangibles, se saborean de verdad.
Dos reos subieron a trincar el risco –virgüerías piñeiriles,
Moralejo dixit- confeccionado para este menda. Un único, un
incunable, no hay otro igual. Uno de los peces era gordo, muy gordo.
Piñeiro lo vio bien en el salto fuera del agua cuando agarró a Paco,
pero no quiso morder más, y en Ximonde sigue esperando por mí, hasta
el año que viene.
En parte me alegro, aunque hubiera preferido tener que hacerle las
curas a Paquito.
Ya en la cena, reventados, me animaba el maestro Piñeiro: “Es que
están resabiados, vienen con la mili hecha, que son reos de
marzo...” Hasta en esto tiene detalles el Duque del Sar. No lo clavé
porque no estaba atento. La caña, el carrete, el risco, la noche,
era propicia... Falló el pescador.
Y eso que hay quien dice que lo del risco es una mariconada, que
para pescar así, buff. Pues a mi me encanta. Es una pesca nuestra,
gallega, con años, con tradición, una pesca que hay que cuidar
porque en unos años puede que a los “Iluminati” (secta que pulula
por los despachos de la Xunta) se les ocurra que sólo se puede
riscar entre la dos y las tres de la tarde.
No sé si Vicente Risco pescaba a risco, pero sí que fue un gran
ensayista con “Nos, os inadaptados”, “Psicología del librepensasdor”
y “Orden y Caos”. Joder, los títulos me recuerdan a muchos de lo
encontronazos que tenemos con la administración. ¿No pescaría a
risco Risco? (Por educación no haré chistes con su magno “O porco de
pé”).
Antes de que se cumpliera la hora límite salimos de río, porque
cumplimos con las normas que dictan los “Iluminati” ya que no
queremos que nadie nos afee la conducta.
El 29 anocheció con una nueva cena con los amigos de Padrón, una
gente maravillosa, el 29 era San Miguel.
San Miguel es un Arcángel, jefe de los ejércitos celestiales,
príncipe de los ángeles, protector de Israel y la Sinagoga y
vencedor de Lucifer.
Se le representa como un ángel con armadura y una lanza amenazando a
un demonio o un dragón.
Cambien:
“Celestiales” por “de periodistas especializados”.
“Ängeles” por “pescadores”.
“Israel” por “El Ulla”.
“Sinagoga” por “Croca de Outeira”.
“Lucifer” por “técnico cuadriculado”.
“Armadura” por “Vadeador”.
“Lanza” por “Caña”.
Y “Demonio o Dragón” por “los que joroban la pesca”.
Menudas coincidencias.
No pesqué, pero me lo pasé de coña con mis amigos, como toda la
temporada, porque en este sentido sí ha sido una gran temporada de
salmónidos.
El día en que se recupere el buen sentido, el común, y se arreglen
los ríos para que todos podamos disfrutar será la leche, pero
mientras tanto seguiremos yendo de pesca, pasándolo bien, y
cumpliendo con las normas de los “Iluminati”, y eso es lo que más
les revienta, porque a pesar de que se devanan los sesos buscando la
manera de fastidiarnos, seguimos de pesca.
Y para más chulería, después de Franco, el único que tuvo Ximonde
para él solo fui yo... Sáquenle punta, que sé que alguno valoraba
mucho pescar con Don Claudio.
Yo ya tengo guía, anfitrión, ganchero, amigo y maestro.
Conmigo que no cuenten y que sigan bien iluminati.
Y como dijo en su día Paco Umbral en una célebre entrevista, me
despido con un saludo muy castellano.
"A tomar por culo".
Con respeto.
Alberto Torres.
Gimiendo desde Gimonde e arriscando o risco. |