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En los últimos años,
por la bondad del sorteo, habíamos plegado los aperos sin las
“turbulencias” de este año. La generosidad del bombo nos había deparado
absoluta tranquilidad a la hora de las reservas pero este año tuvimos
que hacer cábalas para casar permisos, cotos, días y cañas. Y al tener
que pedir los permisos con tanta antelación se producen ausencias
irreparables.
En esta ocasión, la fortuna fue más esquiva y nos deparó dos para Sinde,
cuatro para Couso y tres para Ximonde en la última jornada hábil de
pesca. En la penúltima, disfrutamos los cuatro de la plenitud de Ximonde.
Y el primer día no pudo ser mejor. Allí estábamos el Doctor, Zulu,
Torres y el de Catoira, acompañados del fantasma del Conde de Ximonde
entre las nieblas de la primera hora de la mañana. Avanzando el día,
buena temperatura, aceptable nivel de auga –aunque pelín escaso-, y un
reazo que se abalanza sobre el risco de Moralejo convirtiendo en pura
anécdota los dos salmones que entraron a los señuelos en Reboredo, uno
de ellos a mosca de reo.
El último día se suman Mago, Eloi, Hernández y Alex.
Mago cumple en Ximonde con un buen ejemplar y un articulado de nueve en
los peteiros de otro, Alex y Eloi no vienen de pesca -vienen a comer-,
Zulueta se ajusta al guión –increíble, pero en Couso y con estreno de la
sacadera de Torres- y los de Sinde… a papar moscas.
Por cierto, se puede entender que una persona expida un permiso para
finales de septiembre en Sinde y que tenga que hacerlo muchos meses
antes por lo que algún imprevisto puede privarle de un coto de ensueño,
pero que falten más de la mitad de los pescadores demuestra que la
adjudicación de permisos con tanta antelación tiene sus fallos. Si de
seis pescadores falta uno o dos se podría entender, pero que falten
cuatro…
Por lo demás, comida de despedida y postreros lances sin más novedad que
la de cerrar la temporada entre amigos y “sin mancarnos”, que ya es
bastante. |