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"Vamos de pesca... pero con sentidiño" |
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Una vez más volvemos a preparar los
atriles para la sinfonía de la pesca. Pero como buenos músicos
debemos afinar. El último día de pesca pudo haber llovido. Si por las prisas guardamos todo sin secarlo convenientemente, ahora nos encontraremos con problemas como:
- el vadeador tendrá humedad y mal
olor
Cualquiera podría pensar que sólo
una inundación causaría tan tremendos efectos pero no es así. En un
día de lluvia normal la cazadora se moja y la transpiración corporal
también la empapa por dentro; cuando cambiamos una cucharilla o una
mosca, lo normal es que se mojen otras de la misma caja, etc.
- hay unos colgadores especiales
para el vadeador de manera que se seca y se airea evitando humedades
y olores desagradables. Una vez seco y aireado podremos guardarlo. Éstos son a grandes rasgos los cuidados que debemos prestar a nuestro equipo. Obviamente hay otros muchos más que la propia sensatez de los pescadores pone sobre aviso. Debemos por tanto guardar el equipo en la mejor de las condiciones. Ahora centrémonos en cómo preparar el equipo para la nueva temporada: - airearemos toda la ropa, vadeador y cazadora preferentemente. Debemos comprobar que el vadeador no filtre agua, si lo hace procederemos a parchearlo debidamente - revisaremos la caña a fondo. Empalmes, anillas, mango... - el carrete puede estar rígido. Procederemos a limpiarlo y engrasarlo. Revisaremos que no haya sufrido algún golpe, a veces incluso imperceptible, que dificulte su acción o que raye o rompa el sedal. Según cómo hayamos guardado el sedal podremos utilizarlo de nuevo o será preciso sustituirlo. Lo normal es que tenga memoria por lo que debemos estirar los primeros metros - si las cucharillas presentan puntos de óxido podremos limpiarlos con una lima. Si alguna fue utilizada y liberada de algunos enganches debemos afilar un poco las puntas de los anzuelos que estarán algo gastadas - comprobaremos cajas de cucharillas y moscas, navaja, cortahilos, estado de la red de la sacadera, etc - mantendremos las plumas que no hayamos utilizado y las que presenten buen aspecto mientras que sustituiremos las que tengan nudos a mayores, defectos o roces en la tanza
Ante estos
considerandos, cualquiera se podría desanimar si no fuese por las
altas satisfacciones que da el mundillo de la pesca. Una de ellas es
hacer amigos.
Bien. Tenemos todo dispuesto, pero
hay un pequeño detalle que puede frustrar nuestro primer día de
pesca: la inactividad.
Ahora sí. Llegó el día. Vamos al
río.
Generalmente se aconseja escapar de
las aglomeraciones de pescadores, que las hay. El mejor indicativo
de que eres el primero en pescar un tramo es la hierba de las
orillas y la ausencia de huellas. En este caso tendrás más
oportunidades. Además el primer día se suele convertir en un
correcalles donde no se aprovechan los lances debidamente por la
desconfianza en que te adelante otro pescador. Otro aspecto de máximo interés es que las truchas a inicios de temporada están acostumbradas a la soledad invernal y a la ausencia de pescadores. Dejaremos el coche a prudente distancia del curso fluvial e intentaremos no hacer ruidos ni chapoteos. Por supuesto, en aras del buen decoro y de la sensatez, “prohibidos” los teléfonos móviles y sintonizadores de radio. Una vez en el río adecuaremos la técnica de pesca en función de cómo veamos las primeras truchas. Si están en el fondo lo intentaremos con lombriz o ninfa, si están a media agua podemos intentarlo con cucharilla y si están comiendo arriba la mosca seca o la pluma con ahogadas son lo más aconsejable. Buscaremos las pintonas en corrientes, chorerras, saltos y puntos oxigenados. Los primeros lances, si no hemos practicado antes, los realizaremos con tiento buscando zonas sin problemas como piedras, raíces, ramas o vegetación, aunque aquí será donde se posturen las muy cabronas...
Si cae agua en abundancia,
encontraremos el caudal del río alto y el agua tomada. Buena pesca a todos. |