MASTER CONDE DE WALDEMAR

Les truches y les mosques. Longo no, longuísimo

Los habituales del Master no salimos de nuestro asombro por la capacidad organizativa de Julio y Oscar. En ocho ediciones, cinco de ellas en primera persona, nos han acostumbrado a sorpresas, detalles, vivencias, emociones…
Oye, que estos van al tran-tran (los del Mus saben de qué va esto); a modiño, en “Galaico Blues”, y dan una en el clavo, y otra, y la siguiente, y nos siguen cautivando porque son Boa Xente.
El Master de este año tenía otro aliciente. Si el año pasado fue Guy Roques el invitado especial, en esta ocasión un creador de tendencias, un Maestro de la Creatividad del Torno, como Vicente Longo, sería quien continuase con la saga de “Ilustres Waldemariensis”.
El Longo este, vaya tío, oye. Teníamos su palabra para Cornellana porque ya fallara el año pasado –justificado- y allí mismo entre sidrina y albariño el Gayoso que –hábilmente, como siempre- cierra la presencia de Longo en Waldemar.
Nos vimos el viernes y algunos habituales ya calientaban motores. Con Longo están Moralejo, Bao, Brandón y otros de los que no me acuerdo porque aún no me repuse de la bomba que me metió el Marquitos Gayoso, gran gaitero, gran futbolista y mejor chaval, pero un desastre de barman. Así que se me permite pasar de citar de los siete mil que éramos en la cena (oye, José Luís –Brandón-, a mi señora le encanta la lubina, pero de esas que no llevan etiqueta y que tienen mucho trato contigo. Cuando quieras tener un detalle… Buenos, mejor dicho, muy buenos, qué digo, cojonudos los espárragos. Eran cojonudos, pero del Martínez.
¿Mus? Por supuesto. Mira que no me gusta el dolor ajeno pero algunos vienen esgrimiendo que en “nosecuantosañosdejugadordemus” aún no conocen la derrota… hasta que se encuentran conmigo. Y mira que Moralejo los pone en antecedentes: ¡Cuidado que escribió un libro! Para saborear la amarga derrota hizo oposiciones el Virutas, todo un maestro en el manejo de la caña, pero todo un inconsciente a la hora de retarme en mi propia casa y con las cartas marcadas, que mi tío era mago. Como no pude disuadirlo, nos metimos a dos vacas. A reyes me toca Carlitos Bao, y el desarrollo de la partida no merece más comentarios. Sin rencores, que no es nada personal, al Virutas lo hicimos virutillas.
Empezaba bien la cosa y no era más que la antesala del Día Grande Waldemareño.
El sábado, estos de la competición, nos despiertan sin contemplaciones desconociendo los titánicos esfuerzos que tuvimos que hacer pocas horas antes con el octopus de Burela y la ya citada lubina del atlántico con tantos plurales como bandejas en la mesa. Al frente de la sonora horda, los corzos del Xuvia. Estos primos de Land Rober…
Con el sorteo de tramos, entre café y café, viene la camisa “fashion
faint yellow” de este año. Y, ¡venga!, para los cotos.

Y el Vicente, este, bonhomía asturiana a raudales, que no pasa por pelear las plicas y las mangas, “ye lo que hay”, que para eso ya tiene al Longo Jr, se pasa por el Purgatorio da Ulloa sin tener nada que purgar. El inserso –Longo y Moralejo, conmigo a la cabeza, que mi espalda tiene doscientos años- decide pelear las cómodas y lentas aguas del Ulla aguas arriba del Área Recreativa de A Penela en Monterroso. Y como el roce hace el cariño y el primer apretón de manos se lo dieron en el claustro del monasterio de Cornellana, nuestro Doctor predilecto y Longo acabaron haciendo muy buenas migas hasta el punto de que Juanjo, nuestro Moralejo, ¡va a pescar a ninfa!, oye, que el Longo es muy convincente, Vicente.
 

A media mañana, los joseantonios de A Ulloa –por si nos daba la debilidad o un “esvaido”- nos acercan al paraíso gastronómico de la tierra con la obligada empanada y otras delicatessen del terruño. El Longo, que no conocía cómo se las gastan Guerreiro y Guerra, flipaba, oye. Además, conocimos al nuevo “secre” da Ulloa al que le deseamos mucha suerte.

Más sorpresas, el Longo saca de bicho raro con cola de caucho y las truchas saltan al prado. Virguerías del de Oviedo.

Nos acompaña Guerreiro hasta La Carballeira del Refugio de Pescadores –Balneario cinco estrellas/sete estalos- y a la primera de cambio tengo que recoger del suelo los ojos de Longo. Al chan directamente al ver una paella más grande que el propio estadio de Mestalla (por cierto, por la noche nos dejaron bien “odidos con jota” los valencianos…)

Josetxo mete once en plica y siembra cierto desánimo. Si el de Río Arga cumple y hace media por la tarde, el cuerno se nos va otra vez para Pamplona y el cabronazo ya se puede montar un casco vikingo. Por el medio, otros de los habituales que se colocan hábilmente. El Natas en el sastre haciendo mediciones para la chaqueta. Otro, Alberto, que librándose de la maldición del pantano, firma una plica de ensueño. De la tierra el cordero y de la mar… sí, pero en femenino.

Por la tarde, manga sin mangas de camisa que se levanta un soplido norteño nada agradable.
El Longo imparte un clinic privado en el Ferreira, en Guntín. Y lo hizo con tan buen gusto y tanta estética, que ya lo hemos nombrado Conde de Ferreira y Grande de Guntín.

Por la noche, manga compensatoria. Nos vamos al santuario de la tradición gastronómica de Ligonde-Eirexe, a setecientos kilómetros de Monterroso.

Suenan músicas faraónicas cuando hizo su entrada el Escarcha-Comba-Team, todo un homenaje al buen vestir y al buen gusto vistiendo. Glamour, oye, justo lo que le falta a otros que no saben vestir ni en participio ni en gerundio.

Otra. El hipo de Moralejo. Al chaval de Cortegada le pasan cosas raras, todo él es un portergeist. Puede estar doce horas a cucharillazo limpio con el río que se le ponga a tiro o meterse en un inoportuno hipo. Acababa de bajarse unos espárragos da Ulloa (el Oscar compitiendo con Josetxo), unos pimientos de Padrón, unos berberechos de Noia, unos percebes del Roncudo, un bruño de O Grove, una nécora de Ribeira y unas almejas de Carril. Podía inventarse una captura de un reo de siete kilos, de esos que hay que poner entre varias salsas, pues no, lejos de inventarse una proeza cósmico-sideral-interplanetaria-obama-zapatero-pajín, le da el hipo. Y si un hipo ya de por sí es molesto, más lo es cuando te entra por no haber dado buena cuenta del resto del menú con el bacalao, el cabrito y el solomillo de buey. No se puede pasar de los frutos del mar al dulce sin el pescado y la carne. Vadre retro. El heredero del mago más mundial que el periódico de Pedro Jota, le hace un quiebro, uno de esos golpes maestros del Gayoso, y el hipo se va a Monterroso por el camino, que como ya dije antes es más largo que el talento de Longo. Al Seijas y al de Catoira –atentos al quite- tuvieron que ponerle el gotero y una dosis extra de orfidal, tranquimazin y seroxat. Y es que Gayoso estuvo tan soberbio que Moralejo quedó sorprendido y Geltrú. No vaya a ser que nuestro admirado y querido Doctor haya sido víctima de un embrujo o hechizo y tenga que pasarse a la pesca sin muerte.

La noche no podía ser del todo perfecta. Muchos estábamos con Torres y la familia deportivista.
La tarta, otro detalle de Waldemar hacia el insigne invitado.

En cuanto a la clasificación final, gañó David Arcay. Segundo fue Luís Piñeiro y tercero Rafa Bellas. El cuarto clasificado y el quinto se han asegurado la plaza en el III Open MiguelPesca, a disputar el 3 de septiembre en el río Xuvia.

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