Despedida en Ximonde. Traca final.
Por Alberto Torres

En cada cuadrilla hay unas fechas señaladas a fuego en el calendario. Las efemérides personales son tan abstractas como distintas, pero hay dos días que son comunes a todas las comunas, incluso de dos, o al pescador que pesca solo porque no aguanta a nadie, o no le aguanta ni Dios. Estas fechas son el inicio de la temporada y el final, sobre todo cuando eres pescador de río y de reo.
Se acaba la fiesta. Las grandes jornadas de pesca en las que a veces, incluso, pescamos. El cupo sigue siendo una cuestión de fe pero no nos amilana. Siempre acudimos notablemente equipados a la faena de darles 'en los peteiros', que diría Moralejo. Pescar no pescaremos pero se van a quedar acojonaditos, parafraseando a Marín.
Hace años leí el libro de Piñeiro, La Pesca Tradicional del Reo en Galicia. En él hay una foto de Zulueta oficiando en el precioso Eume. Es la 'biblia' del tema en este país, 'asín' de claro. Tiempo después tengo el privilegio de pescar con ambos, y lo que no es pescar. Nos unen muchísimas cosas, muchísimas. Aunque me llevan una ventaja que ni Vettel al coche del portero de la puerta cero de Monza, desde hace tiempo, soy uno más de la cuadrilla. Eso no tiene precio. Hasta me perdonan osadías (propias de mi tierna edad) para reconforte del alma. No hay American Express que pague un día de pesca con los míos.
Dice Juani que vernos a los tres juntos en la ribera, o en la comida, o en la despedida, es recordar a Rilke y, por tanto, al Doctor, que siempre está presente, con el que hablamos, con el que brindamos. La patria de un hombre es su infancia. Hay sentimientos que sólo salen a la luz en determinadas ocasiones. Grandes ocasiones en las que uno es extremadamente feliz en ese pequeño mundo nuestro, cerrado a cal y canto a la tormenta que rodea a la vida, al menos por un día.
Al llegar a Casa Suárez, donde montamos el destacamento para el fin de fiesta, Juani y yo venimos stresssaossss de A Coruña. No por la bella Marineda, faltaría más, no hay ciudad como ésta, pero es la ley del yunque y el martillo. A veces hay que resistir y a veces golpear. Queremos desconexión y a fe que la tendremos.
Noche de llamadas entre la cuadrilla. Sobre todo porque a ciertas horas este menda va por la carretera y no sabe si están en Ponte Ulla, Pontevea, Pontejos, Pontillón o Pontevedra. Noche de descanso previa a la jornada final de la temporada de río 2013.

A las seis y cuarto ando más despierto que un gato. Llega Miguel, más que una gineta, y enfilamos el rumbo hacia el Prado de Louzao. ¡Ximonde, aaayy mi Ximonde!.
Con el poco caudal, hay playa para lanzar. Hoy los voltios no piden riadas, que refrescó y no hay que utilizar el aire acondicionado. No habrá 'suelta' desde la presa... No pisamos el agua, ni la tocamos, pero el Ulla no muestra todo lo que guarda. Más bien no muestra nada. El bajón del barómetro ha sido brusco y los peces se aletargan. Vamos de la noche al día, es decir, de mejor a peor para pescar, y hay que ser sutiles a más no poder.
Tengo en la caja varias virguerías piñeiriles recomendadas por el Doc desde sus cauces. Empiezo con un risco potente, cruza el río sin problemas. Pesco despaciiiiito. Nada. Luego un poco más rápido, luego para allí, luego para allá, luego cambiamos de postura (y esto no es sexo aunque la pesca también tenga su éxtasis). Empieza el lusco e fusco. Moscones a la caña y risco a la caja. Amanece. Moscas pequeñas al agua y moscones al corcho. Es de día, cojo unos anguilones de Saavedra y un pez sin muerte de Manolo, que los de Narón y A Coruña son también excelentes montadores. Dan las diez, sintonizo a los Stones... que dice la canción de Risi, pero de picadas no dice nada.
Ante tal despliegue de artesanía gallega por el agua del Ulla, pero sobre todo porque el que está a mi lado lleva ya un buen porrón de reos en el currículum, llegamos a la conclusión de que no se mueven ni los brizos. Hay que esperar a la noche.
Nos vamos a desayunar a Casa Suárez y es un desayuno de una hora, con mesa y mantel, como Dios manda, en el que analizamos toda la actualidad geopolítica, socioeconómica, macroestructural, eurofinanciera y medioambiental. No hemos clavado ni el chicle en el cenicero del coche, pero llevamos ya unas horas fenomenales a pie del Ulla. Visitamos el Museo de la Pesca para cargarnos de energía positiva-pescantina y salimos de nuevo hacia uno de nuestros 'río de ríos'.

Con energías renovadas buscamos reos renovables. Bajamos a Reboredo. Miguel se mete con la ninfa y empieza a clavar. No me sorprende. La evolución de Piñeiro con la mosca desde hace diez años es tremenda, dicho por los mejores del panorama. Con la ninfa, lo mismo. Saca pintos, escalos, truchas... Los reos pasan de todo. Si acaso un salmonazo saluda desde o Poio do Bote con chofff enorme. "Y con tu espíritu", recuerdo, en una estampa similar, hace unos años en este mismo coto. Fue la respuesta del Doc a un salto mortal con triple tirabuzón de un peixe descomunal que hasta (creo) me guiñó un ojo.
Nosotros nos quedamos un poco más abajo. Avispilla, Carne, Salmón, Verde, Lume... Moscas que se bañan sin respuesta. Mientras lanzamos hablamos de lo divino, lo humano y lo que está entre ambos. Los peces no quieren. A mí ya, llegado este momento, y con las 14' o clock a punto de caer, me importa un 'güevo' y la yema del otro. Me lo estoy pasando como un enano y sólo he tenido dos minitirones de minitalla. Trucha o escalo, seguro, porque los pintos, cuando clavan, clavan. No andan con pequeñeces aunque sean diminutos.
Hora de levantarse. Llegará Zulu para comer. Dirección Casa Riveiro, pulpo y croca. Homenaje a todos los que son, serán y en el mundo han sido como nosotros. Como siempre, por el entorno, por los recuerdos, pasamos unas horas fenomenales. Un tute y a Pontevea para el café previo al desembarco, de nuevo, en Ximonde.
Mientras cafeteamos aparece, nada menos, el cura de Lampai y Sarandón (las dos). 'Pater, bendíganos' le pide Miguel. Como hace años, en blanco y negro, en la bendición de las cañas que se hacía a pie de río (está en el Galicia Salmonera), quedamos puros y limpios de pecados relacionados con pescados. Hablamos de un cura joven, con un coche deportivo precioso, y cresta en la cabeza. Un hombre del momento que entiende a las personas que necesitan ayuda. Nosotros la necesitamos, ¡¡¡Padre, bendíganos!!! Que la certeza del capote nos aguarda.
Llegamos a Ximonde. De fondo suena buena música. Da igual si sale del coche azul o del negro, siempre es de calidad. Te pones el vader como bailando. Del coche verde casi siempre sale lo mismo así que dejamos que los maestros den maestría.
Entre bromas y risas, pero con ganas de mambo, estamos ya en el mismo escenario que hace 14 horas. Está lloviendo y eso es bueno porque los peces se van a mover.
Ni tocamos la postura. Nos gusta el risco, nuestro señuelo atávico, tan made in Galicia como los grelos. Yo escojo uno blanco y, delante, un moscón amarillo. Es un risco mediano, podría ser más grande, como el de la mañana, porque esto es el Ulla. Pero tengo fe en este rato para esta noche. ¿Por qué? Porque, como ya he explicado, tengo fe en este rato para esta noche.
Sólo son diez minutos de oscuridad, tienes que tomar una decisión, si cambias el señuelo pierdes tiempo y segundos de oro. Hay que decidir, o pez, o risco, o mosca, o todo junto o como se pueda. Los tándems funcionan y todos montamos ratoncete con mosconcetes. Virguerías piñeiriles.
Clava Zulu el primero, cerca. A la mosca. Clavo yo el segundo, a media distancia, al risco. Clava Miguel el tercero, el más lejano, a mosca. Dan las 9:47 y se acabó el changüí. El cupo de cinco reos por persona es algo así como del género de la ciencia ficción. Nos llevamos uno cada uno, para agasajar a nuestras señoras, estando la mía presente como notaria para dar fe. La fe, que es la que pesca, como siempre dice Guy Roques.
Llegan tres agentes para guiar los peixes.

Dan las once de la noche entre risas y abrazos. Sólo hemos tenido una picada de reo cada uno, una sola. No es que me conforme, sino que esta mañana le he dado las gracias a San Pedro y le he hablado muy bien del cura de Lampai.
Fue un día redondo. Algún pescador dirá ¿sólo por una picada, sólo por un reo? No, claro que no. El reo es un premio, el día, con los míos, el verdadero tesoro. 
Acabamos sin llevar un golpe, sin perder ninguna cartera, sin pinchar, sin capote y con un reo cada uno...
Juani, Miki, Zulu, Doc... Cómo lo he pasado. Gracias a los cuatro y el año que viene ¡más croca!