10 años después, repetimos el fin de semana gastronómico-salmonero

Dicen que nunca segundas partes fueron buenas. ¡Falso! Las hay que superan con creces la primera edición.
Una peña de amigos había intentado un salar en el Ulla cuando Couso era Couso con una comida pantagruélica en Xirimbao. Como le habíamos pegado más a la gastronomía que a la pesca, dejamos para mejor ocasión lo de los plateados.
10 años después, la maldita bolita -para unos- se queda en el maravilloso 976 -para otros- y señala el camino del Olimpo.
Joaquín España, Eduardo Fernández, Manolo Mago, Eloy Saavedra y Juan Delibes tenían Ximonde el primer día de la campaña. Toño, nuestro fotógrafo tuvo que esperar al segundo día que su permiso lo birlaron los del Turismo Rural.
Había que montar algo especial y aprovechamos que los amigos de A Pontenova querían que el hijo del Gran Miguel pregonara la Fiesta de la Trucha y así podían entregarle la Trucha de Oro.
Teníamos todo a favor. Juan se hizo acompañar por nuestros viejos amigos Nacho Rojo y Alfonso Obreo, compañeros del Canal Caza y Pesca. Había que inmortalizar tan grato y emotivo momento.
El miércoles por la noche pusimos la tienda de camping en el San Briz. Llegaron, los venidos de los madriles, y el jueves le dimos los últimos retoques al “Aula de Interpretación de la Pesca” que se inauguraría por la noche.
A mediodía comimos con Darío, Taracho, Mundito, Javier y Moirón.
Por la noche, acto inaugural de la fiesta pontenovesa, pregón, Trucha de Oro a Delibes y a los Artesáns da Pesca, apertura del Aula de la Pesca y sin tiempo que perder -lamentando no poder quedar para el día siguiente- tiramos de coche hasta Padrón.
Le comenté a Eduardo Fernández, ex-canal Campero, que el Ulla presenta una invasión de almeja asiática por lo que se propuso laminar toda Galicia –por extensión- con una tupida capa de cucharillas para matar la invasión de alóctonas.
Pasando por Meira, en el Miño, ya tiró un par de ellas por la ventanilla.
Otro Eduardo, el Fontela de las Edu, nos había provisto de cucharillas “a eito” que quería verlos campeonando con un plateado ullanés en sus señuelos.
En la autopista, Eduardo, el Fernández, sementa dos docenas de cucharillas en el Mandeo.
Llegados a Padrón, España se tira al monte y con la complicidad de la noche pilla unas xestas para que el alecrín no permita que “lle entre o maio” (su 25% de gallego…)
La noche –a pesar de las pocas horas de cama- fue muy larga para algunos que apenas pudieron conciliar el sueño.
Aún no se oía el cuco y ya estábamos preparando los aperos en el aparcamiento de Ximonde.
Empieza la fiesta.
Eduardo pega unos lances al monte para comprobar las prestaciones del equipo y pierde media docena de cucharas.
Primeras varadas. Aún Joaquín no había empezado y Eduardo ya tensionaba el sedal. Primera oficial abajo.

Sobre las 9 a.m. llama Mago, el de Chantada, que tiene una ciática del copón y está en cama sin poder moverse. ¡Manda oeufs!
Eduardo se mete en O Penedo y pide “Hierro 3”. Lo que faltaba. Primer lance penediano y quinta abajo.

Mientras tanto, como un poseso, Delibes mosqueaba cuanta postura se le ponía a tiro y machacaba compulsivamente la parte alta del acotado. Había pescado alguna que otra vez con Juan pero no sabíamos hasta qué extremo podía llegar su temeridad. Nos puso de los nervios a todos. Se jugó el tipo y bien pudo acabar en la Ría de Arousa. Bien es cierto que el Ulla le pudo pagar mejor sus denodados esfuerzos y su tesón. Seguro que lo hace en otra ocasión.

A las 10 de la mañana un malintencionado llama a Mago y le dice que ya están cuatro bichos en el Centro de Precintaje. Mago, renqueante y cojo, aparece una hora después cuando Eduardo ya iba por la décimo octava cucharilla.

Saavedra, el de Narón y Xoyba, andaba a mosca dejando para la tarde la artillería pesada en caso de ser necesaria.
Grandes amigos e ilustres cañas del Ulla vienen a presentar cumplidos a tan distinguidos pescadores. Aparecen el Almirante Louzao, Ismael, Ortega, Mirás, y no podía faltar el que siempre está en “as orillas”, Salva.

Sobre las diez y poco de la mañana llega el rumor que se convierte en noticia: cayó el primero Sinde, pero los muchos congéneres que había en Ximonde no estaban por la labor hasta que Rubén, el de Carballo con permiso turístico, da el Golpe en Campo de Viso poniendo el primero de Ximonde en tierra.
Más amigos, Touceda, Toño, Coco, Virgilio…
La incesante e intensa lluvia y el viento no parecían desagradar a los numerosos plateados que seguían bañándose: dos en Perejil, tres en Penedo, dos más en Reboredo y varios en el vedado.
A media mañana llega el picoteo de la mano de Jesu, Iván e Santi. Buena gente. Padín pone el cartel de “no hay localidades” en el Cuartel General.
Se suma al grupo Toñuco Hernández, que velaba armas para el día siguiente, y otro Eduardo más, nuestro Pater de cabecera. Teníamos todo previsto y si hacía falta la intermediación divina…
Pero, con todo preparado para la gran fiesta salmonera, el invitado principal no quiso acaparar más protagonismos en lo que quedaba de manga matutina.
Había que reponer fuerzas y ahora lo más cerca de Ximonde es O Rollo. Trato excelente y muy buena comida.
Como habíamos planificado todo a lo grande, fichamos a un Medalla de Plata en Atenas y ex-preparador de Aito en el Barça de basket. Pepe Casal realizó una terapia intensiva de recuperación de los más afectados por la dura mañana. Mago en primer turno y sesión doble.

Cuando salíamos del Rollo, Eduardo metió tres cucharillas en la caja de las propinas. Por si acaso llega allí la puñetera asiática.

Al llegar a Ximonde, rememoramos una de las viejas tradiciones del Ulla, la bendición de las cañas como hacía en su día el Cura de Santeles. El Páter Mosquero oficia y eleva los ánimos de los cañistas.

Llega el maestro asturiano Pedro Fernández de la Concha, con Almudena, su encantadora señora, que también tenía permiso para el día siguiente y empieza a flipar con la cantidad de salmones que se bañaban. Pero más de lo mismo, cinco pescadores mallando y los salmones haciendo peinetas y perdiéndole el respeto a los pretendientes.

Hasta que Joaquín, el de España y Aguado, va a por todas y mete el fierro fonteliano tres metros arriba de la arboleda de la mediana del río. La cuchara da la curva y el salmón que no se puede reprimir se rinde a los encantos de la Edu plateada y sucumbe a la tentación del medio gallego. El reloj se pone en marcha. Hay plateado pero este cabronazo no quiere salir sin vender cara su derrota y se mete en Perejil, ¡Viva Honduras!, donde zozobra y encalla, pretendiendo jubilar las aspiraciones del tranquilo “Joquin”. Se oyen unas voces llegadas desde Ortigueira que decían: “Sácalo, Joaquín. ¡Por Dios! Trata de sacarlo…” Era otro Eduardo, el Fontela, reclamando su parte de culpa en la captura.

Zulu, que no se había despegado de la sacadera en toda la mañana, se tira de cabeza a por la plaza conquistada en su día por Ignacio Paz, jugándose un tsunami de agua en el vadeador, capea las cuatro malditas piedras y culmina en el pedrusco. “Pa dentro…”

Ya en tierra, se oían otras voces desde Ortigueira que decían “Joaquín, ¡funciona!, di que la cucharilla funciona”.
Cuando Juanillo, el de Eibar, venía con el plateado en la sacadera camino del prado, Joaquín indica convencido que lo iba a devolver pero miró al cielo y, entre nubes, acertó a ver al Doc que le dijo: “entre dos salsas, querido Joaquín, entre dos salsas…”

Y hasta tuvimos la suerte de que en el Centro de Precintaje nos atendiese la guardería maja, porque podía coincidir con que estuviera la otra, que últimamente volvieron a las andadas por obra y gracia de Caballero. Vuelve a ser el laboratorio de Frankenstein y el silencio del capturadero.

Eduardo, a estas alturas, seguía en O Penedo e iba por la trigésimo octava. Ahí, la almeja no sale en doscientos años.
Fue cayendo la poca tarde que quedaba, más con el ánimo que con la convicción de otro plateado.
A una hora más que prudente y con la satisfacción haberlo dado todo y algo más, nos retiramos. Nos esperaba la cena improvisada en los dominios del Ducado del Sar. Pitanza patrocinada por la Excma. Diputación de Pontevedra.

El sábado teníamos dos frentes, uno en Ximonde y otro en el ¿coto? de Pontevea.

Toño Hernández, Pedro Fernández de la Concha, Miguel Bao y Carlos Bao oficiaban en Ximonde, coincidiendo en el acotado con el cirujano coruñés Miguel Álvarez y con el santiagués Julio Fernández.
Calma chicha ¿Pero donde coño estaban los salmones del día anterior? El primero que vimos fue casi al final de la mañana.
Julio, poco antes, se había metido en La Isla y tocara el cielo.
Comimos en O Rollo. Otro festival.
Con el café, Delibes, España y Fernández emprendieron camino, que la capital del reino está a 6 horas.

Aún seguían llegando amigotes. Vilarelle, Jesu y mi ganchero predilecto, el Gasol de la sacadera, el siempre sonriente Luisiño Miramontes con una bella dama, acorde, en consonancia, a los merecimientos del boticario.

Por la tarde, Toño, el hombre que de vez en cuando cambia la cámara por la caña, se va a Cubelas con Carlitos Bao y mete hierro clavando un plateado de más de seis kilos de felicidad. Aprieta y apura hasta traerlo a la orilla dos veces pero, a la tercera, la sacadera no hace honor a tan orondo ejemplar y el salmo acaba soltándose. Toño sale en la foto.

Me llaman los que habían emprendido camino a Madrid para decirme que Eduardo había tirado dos cucharillas en A Gudiña, cuatro en Medina del Campo -por si la almeja llega a Río Seco- y que las dos últimas las aprovechó para señalar Guadarrama.
Aún nos quedaban algunas fuerzas para cerrar la jornada cenando en Padrón pero pidiendo cama a gritos.
¡Qué tres días…!

volver a índice de especiales