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Jaime para los amigos, Taboada para muchos y Taboada el de los
peces, para el colectivo de pescadores, fue un personaje sin par en
el mundillo de la pesca en Galicia.
Durante veinte años montó sus peculiares y ahora muy cotizados
peces.
Sus inicios como Maestro Artesano partieron de la analítica
exhaustiva de peces convencionales hasta que adecuó estos señuelos a
los ríos y regatos de Galicia.
Conozcamos su particular proceso de construcción de peces
artificiales:
Cálculos y otras mediciones basadas en 14 operaciones matemáticas
para cada ejemplar.
Tallado de la madera con perfección de simetría.
Impermeabilización y endurecido del cuerpo.
Forrado de aluminio con tratamiento anticorrosión.
Pintado manual con lacas transparentes y colorantes hasta un total
de 25 a 40 capas dependiendo del acabado que se pretendiese. La
técnica del pintado y de las mezclas -degradados, finura,
transparencias, reflejos, brillos y matices- la había aprendido de
un maestro chino de pintura con laca.
Mención especial, en el pintado, para los ojos que los hacía con
irisados, transparencias y brillos y también para el cuerpo que
lleva escamas entre capas. En los peces para la pesca del reo, por
ejemplo, esta técnica la perfeccionaba con microprismas, las capas
de lacas de los ojos, sus lentillas para dotarlos de relieve y un
filtro ultravioleta.
En sus últimas creaciones para trucha estaba trabajando en unas
microlentillas de resina de 1 mm que se colocan encima de las pintas
rojas provocando una atracción irresistible para los predadores.
El siguiente era la aplicación de resinas de poliéster en un
ambiente estéril sin elementos contaminantes.
Aquí el pez era pasado ya a la Cámara de Depuración. Tenía tres
programadores: análisis de disolventes en la atmósfera, ventilación
o evaporación de gases y calefacción. Estas tareas se programaban
automáticamente. Aquí los peces estaban durante quince días.
Y ya, por último, se le implantaba la paleta de metacrilato moldeada
a presión.
Antes de ser entregada, cada pieza pasaba por unas pruebas finales
de ajuste.
Las últimas pruebas de de natación de los peces de Jaime
garantizaron que estos artilugios conseguían nadar en sólo 3 cm de
agua. Uno de los secretos no era otro que tener el centro de
gravedad muy bajo.
El proceso total de elaboración era de 6 horas de trabajo por pieza.
Cada pez de Taboada tiene entre 40 y 60 características únicas y
exclusivas y el artesano de Perillo los hacía constar en un
certificado que entregaba con cada pedido. De ahí que un alto
porcentaje de los compradores adquiriesen estos peces motivados por
un afán coleccionista. Asimismo se hacían las oportunas indicaciones
sobre tipo de caña, sedal, etc, que se debía utilizar.
La producción de peces para salmón fue ofrecida a un grupo de amigos
sin que tuviera éxito. Tiempo después un pescador asturiano compró
un ejemplar y ante el rotundo éxito del señuelo adquirió todos los
peces para salmón “de por vida”.
Tabeada, casi por casualidad, fue Campeón de la Reunión
Internacional de Maestros Artesanos de la Pesca en Mikkeli-Finlandia.
Participó porque un amigo suyo presentó varios originales resultando
elegidos.
Este concurso se basa en la elección de sus participantes a través
de plicas, lo que garantiza la total independencia del jurado.
Primero se puntúan las pruebas de natación y de aquí, los mejores,
pasan la fase final. En ambas mangas Jaime quedó en primer lugar y
fue la primera vez que el campeón no era nativo de los países
nórdicos.
En este concurso participan maestros austriacos, escoceses,
irlandeses, ingleses, alemanes, noruegos, suecos, finlandeses y
daneses.
Justo cuando más demanda tenía, Jaime Taboada redujo la producción
ya que estaba innovando; apostó por la calidad por encima de la
cantidad, aumentado el número de detalles, trabajando con mejores
criterios técnicos y más elementos de investigación.
En sus últimas creaciones, alguna casi de ciencia-ficción, trabajaba
con:
- un pez que recubierto de partículas fotosensibles a la luz que por
la noche se vuelve claro y por el día oscurece por efecto de la luz
solar.
- un señuelo con emisión real de ondas de baja frecuencia.
- peces de alta sensibilidad capaces de nadar con una cantidad
mínima de agua.
- un pez de dirección variable.
- un pez con sensor de profundidad capaz de sortear obstáculos.
- un pez para aguas turbias con visibilidad cero.
- un pez con dos acciones programables y dos puntos de tracción.
La falta de tiempo, las ansias de investigación y el
perfeccionamiento de los peces le obligaron a replantearse la tirada
de señuelos, reduciendo la producción hasta 125 unidades/año, de los
que 100 eran para trucha, 15 para reo y 10 para salmón.
Anteriormente había llegado a producir cerca de 500 unidades en un
solo año.
Su tirada era tan sibarita y sus pedidos tan elitistas que incluso
tenía un stock de compradores fijos pues sus peces se diseñaban a la
carta. Tuvo pedidos tan pintorescos y particulares como un pez
artificial de 3 cm para el río Lor, cuando lleva 20-30 cm de
profundidad.
Con cada compra adjuntaba un certificado con las características
propias y únicas de cada pez pero no sólo figuran dimensiones y peso
sino las características de natación: frecuencia, emisión de ondas
de baja frecuencia, natación, profundidad, intensidad de oscilación,
etc.
Pasados los años, los secretos de Jaime siguen sin ser desvelados.
Numerosas tablas físico-matemáticas que nos dio en vida intentaron
ser descifradas por profesores de universidad y otros expertos sin
éxito.
Un periodista, en su crónica del concurso de artesanos de Finlandia,
llegó a escribir que “utilizar los peces de Taboada para pescar era
como ir de picnic con cristalería de Bohemia”.
Miguel Piñeiro.
(Texto extraído del reportaje que publiqué en la desaparecida
Revista Caza y Pesca siendo Director Joaquín España)
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En
marzo del 2000, estando trabajando como preparador físico en la
sección de baloncesto de F. C. Barcelona, recibí la siempre feliz
visita de Fernanda, mi mujer, que rebuscando algo que poder regalar
a un pescador en el exilio piscícola con motivo de su onomástica del
día de San José, en una visita al Corte Inglés de A Coruña y por
insistencia de Puri, su hermana, fue a la sección de pesca a ver una
exhibición de “Rapalas”.
Allí se encontró con el bueno de Jaime, que aparte de gran artesano
atesoraba una buena capacidad de oratoria y convencimiento.
Total que Fernanda llegó a Barcelona con dos “rapalas”, me explicó
la historia y esa misma semana, tras un entrenamiento en el gimnasio
del Hotel Juan Carlos I, con el permiso del socorrista, los probé en
la piscina.
Tras la prueba, reconozco que quedé encandilado por el buen nadar de
los peces e inmediatamente comencé a realizar las pesquisas que
dieron como fruto mi primer contacto y primera conversación con
Jaime.
Después de probar los peces en un embalse andorrano y en el río del
Montseny (de los pocos en los que quedan media docena de truchas
autóctonas en Cataluña), y, en mi mes de vacaciones, pescar algún
reo en el Tambre, me prometí a mi mismo que tenía que sacrificar un
día de los 14 que me quedaban y acercarme a A Coruña para conocer a
tan singular personaje.
Conecté con Jaime y de común acuerdo aprovechamos un lunes de veda
para conocernos.
En nuestro primer bis a bis todo transcurría normalmente y cuando
llevábamos casi dos horas de amena conversación me permití hacerle
una observación de un detalle sobre sus peces. A partir de éste
momento la empatía fue total porque a el le gustó que otro loco de
la pesca, con sólo un mes de vacaciones y sin poder pescar
prácticamente en todo el año, fuese desde Vigo a Coruña sólo para
conocerlo y aún encima ¡hacerle una observación!.
Lo que yo pensaba que podría sentarle mal tuvo el efecto contrario
ya que éste artista llevado al máximo umbral del perfeccionismo, lo
que quería era oír críticas de un producto casi imposible de
criticar, ya que de loas y lisonjas me imagino que estaría más que
satisfecho.
Desde ese momento surgió una entrañable amistad basada en una
afición común y, sobre todo, en que Jaime Taboada, aparte de ser un
tío entrañable, al que daba gusto oírle hablar con una pasión sin
igual explicando las dificultades de la construcción de los “Peces
de Taboada” (el término rapala desapareció de mi mente tras
conocerle), era una persona muy amena y un auténtico genio.
Tras mi vuelta de Barcelona, nos vimos con frecuencia y poco a poco
lo fui convenciendo para que construyese un “risco” para pescar
reos.
El
primer producto que desarrolló rápidamente lo puso en mis manos y
tras dos jornadas de pesca con notable éxito, pude hacerle otra vez
las primeras críticas, que él no solo admitía de muy buen grado,
sino que se ponía manos a la obra para subsanarlas.
Los genios, los artistas, no suelen ser o actuar así.
A todos nos gusta la adulación y que nos digan, sin más, que somos
muy buenos o que somos los mejores.
Jaime, al que en la propia Finlandia ante los mas reconocidos
artesanos de todo el mundo fue elegido como el mejor, se nos ha ido
pero su obra y sus muchos amigos aún quedamos por aquí para
recordarlo con el mayor afecto y con miedo a utilizar sus peces,
auténticas obras de arte, que no deben correr el riesgo de perderse
debajo de una piedra o en la boca de una trucha.
Cuando avisto una pintona de buen tamaño y no soy capaz de engañarla
para que termine en mi cesto, inevitablemente viene a mi mente la
tentación de ¡si le pongo un pez de Jaime, esa cae seguro!.
Entonces alzo la vista, miro hacia allá arriba y le guiño un ojo,
porque seguro que por allí también estará pescando u observando como
lo hacemos nosotros, pero no caigo en la tentación, ya que, Jaime,
el sólo hecho de ver tus peces y recordarte, es un excelente
consuelo.
Descansa
en paz. |