Presentación del Libro "La Pesca Tradicional del Reo en Galicia"

     
Con los Riscos que se regalaron a la prensa Acto de Presentación Vista parcial de los invitados

De izquierda a derecha: Patricia Vilar, Rafel del Pozo, Javier Ruíz de Almirón, Miguel Piñeiro, Juan José Moralejo y Jesús Domingo

Con Manuel Guitián. Al fondo mi colección
de Riscos expuesta en El Corte Inglés
Con Rafael del Pozo y Fernando A. de Sotomayor Manuel Guitián presentando a J. España, F. Cobo,
Juan J. Moralejo, R. del Pozo, J. Domingo, P. Casal,
E. Fernández y M. Piñeiro en El Corte Inglés
     
     
Mañana de Pesca de Vilagudín

Presentación  

en Portugal

 

Intervención del Doctor Juan José Moralejo en el acto de presentación de
LA PESCA TRADICIONAL DEL REO EN GALICIA de Miguel Piñeiro
Auditórium de Padrón - 21 de febrero de 2004

Ilustrísimo Señor Director General, muy estimados compañeros de Mesa, señoras y señores:
He de comenzar por agradecerle a Miguel Piñeiro su invitación a honrarme con la compañía de todos ustedes en la presentación de su libro sobre la pesca tradicional del reo en Galicia, y extiendo la felicitación a Hipercor por la exposición, la mesa redonda y el concurso de moscas con que estimula la afición a la pesca fluvial.
Aquí estoy porque ya saben ustedes que yo soy profesor de Griego, pero mejor me defino como hombre que en tiempos de veda da clase de Griego. Y como dejo escrito hace 350 años Isaac Walton, al que deberíamos canonizar como nuestro santísimo patrono, I love any discourse of rivers, fish and fishing. Supongo a todos ustedes enterados de que Walton fue, por encima de excelente pescador, un hombre cuya lectura es disfrute y serenidad de espíritu. Su humanidad inspiró un excelente epílogo de Unamuno, que suele acompañar a las traducciones españolas de The compleat Angler or the Contemplative Man’s Recreation ...
Piñeiro, además de amigo, ¡pesca! y, por tanto, puede escribir de lo que pesca y se retrata cuantas veces haga falta con criaturas de más de medio metro. Yo puedo superarlo, pero sólo cuando me retrato con mis hijas.
Piñeiro pesca y, por tanto, escribe de lo que sabe y sabe de qué escribe: es fiable, no se acomoda a aquella veterana definición inglesa del pescador: hombre que madruga para mentir. Yo escribí de truchas hace años y ando en trámites de reincidir, pero las traté de mis señoras, con la distancia que ellas me marcan a mí, no yo a ellas, y no me permití tenerlas por mis amigas, con la llana y excelente confianza con que las trata Miguel Delibes en sus plumas, las de pillarlas y la de escribir.
Quedé con Piñeiro en decir algo sobre el agua, pero no renuncio a dejar en claro una vez más que los pescadores somos el animal que corona la escala biológica, si atendemos a esos tejemanejes de quién puede con quién, pues, como advirtió Hamlet, podemos coger y comer la trucha que se comió el gusano que había engordado con la carne de un rey.
Y me vuelvo a mi tema, al agua, que es hachedosó, como bien se sabe por el bachillerato de antes. También hay la variante hachedosoté, es decir, hidróxido de trucha: no truchas mojadas en agua, sino agua empapada de truchas, el agua que tenían hace unos cuantos años el Ulla, el Tambre, el Eume, el Miño, el Deva y los miles de ríos que Dios nos ha regalado para que, insensibles e insensatos, hagamos o consintamos que esa hachedosoté acabe en hachedosoeme, fórmula que no necesita ni merece detalles, fórmula que, por muy progresista y fatalmente inevitable que se nos pinte, es andacio rigurosamente corregible de raíz en cuanto nos lo propongamos y hagamos que vuelva a tener razón el poeta griego que declaró la suprema excelencia del agua.
Decía otro griego aquello de que eis ton autón potamón ouk an dis embaíes ¡y perdonen que me aproveche para que no se me mueran ustedes sin oír algo de griego antiguo!: lo de que no podrías bañarte dos veces en el mismo río puede tener toda la razón porque es de temer que a la segunda esté más sucio. Por ejemplo, y nada insólito, si se te arrima el guarro desaprensivo que viene a lavar el tanque de los purines. Es buen momento para pensar en voz alta por enésima vez que hay un exceso de purines, abrasivos, lejías, desinfectantes, insecticidas, etc. en la Galicia rural y también en la urbana y semiurbana, en toda la Galicia que todavía depura nada, poco o mal su desechos como para que sea peligrosamente cierto, aunque no quede muy fino, decir que media Galicia caga de campo.
Hace unos años un turista en el coto de Couso, río Ulla, quería celebrarme la espuma que se producía en la cascada y seguía río abajo sin deshacerse; le hice ver que la espuma de agua limpia en un salto o fervenza se deshace enseguida, lo mismo que la espuma o corona con que probamos la calidad de un aguardiente, pero la espuma que dura es lisa y llanamente batido de mierda. En Galicia ha habido un necesario y muy positivo desarrollo industrial, agrícola y ganadero, pero no se ha acompañado desde el primer momento de la conciencia y los recursos para hacer frente a contaminaciones y degradaciones y nunca avanzará lo debido, si no mejoramos mucho en nuestra mentalidad colectiva como piedra angular de todo cuanto digan leyes sensatas y sensibles y de cuanto podamos exigir a los políticos que deben velar por que esas leyes se apliquen y se respeten. En particular hay que combatir una mala filosofía, ya más palurda que rural, según la cual o río é noso y o río atura todo, pues el río es de todos y de nadie, lo tenemos en usufructo para dejarlo intacto o mejorado a la generación siguiente, y el río no sólo no soporta todo, sino que soporta muy poco o nada. Y me remito a las estadísticas y experiencia de pescadores veteranos.
A toda esa contaminación química o biológica, relativamente nueva, se suma la física, la agresión que ríos y pesca sufren por un mal planteamiento de planes y gestiones de la energía hidroeléctrica. Soy el primero, señoras y señores, en celebrar el aumento y el rigor de la labor de guardería, pero me parece un fariseísmo repulsivo que me anden con tiquismiquis de un centímetro o de si llevo una de más, mientras el régimen de subidas y bajadas bruscas destroza el río, masacra desoves y crías y machaca el ejercicio de mi afición, que también es un derecho desde el momento en que se me cobra. En fin, con desidias, inepcias y desaprensiones como las que hay viene a resultar que se ponen los ríos y la pesca en condiciones tales que la política de repoblaciones ya no es ni siquiera tapadera de un mal hacer político o caramelo para la rabieta del pescador frustrado y se nos queda en simple traslado de restos mortales de un charco a otro.
Habría mucho más con qué mojarse hablando del agua, pero voy a cerrar con una primicia que los dejará a ustedes entre el pasmo y el entusiasmo: acabamos de saber que hay agua en Marte y lo mejor de tanta novedad es que corren algo más que rumores de que la Xunta va a llevarse para allá todas las minicentrales.

 

INTERVENCIÓN DO AUTOR

Ilmo. Sr. Director Xeral, benquerido Director amigo Jesús, benqueridos maestros Rafael e Juan José, amiga e compañeira Patricia, autoridades, amigas e amigos... boas tardes.
Era unha vez un xeitoso cacho de terra que orbitaba arredor do astro rei. A Nai Natureza dispuxera cinco grandes áreas de distribución xeográfica que logo chamaron continentes. No máis vello deles nun tempo localizouse unha terra co selo da man de Deus.
Era o país de meigas e trasgos; da vehemencia gastronómica; da gaita e do pandeiro; do marisco de mar e de cortello; das festas e romarías; da caña de herbas e das denominacións de orixe; de Pedro Madruga e os Irmandiños; do Entroido e a Pascua; do Xacobeo e a Galicia Calidade.
Era unha terra tan próspera e productiva que case había máis vacas que persoas. A felicidade, vaia, medíase por litros de leite.
Esa terra tiña uns ríos limpos e maxestuosos con grandes chorreiras, remuíños, pozos e fervenzas. A súa beleza tanto chamou a atención que un visionario ferrolán decidiu amansalos e acabou convertendo aquelas bravías augas en bañeiras estancadas, en inmensas piscinas naturais para solaz esparexemento das xentes. O pobo amosábase sumisamente feliz. Tan feliz que, nunha sociedade aínda machista, non importaba que unha dama rexentase o dominio do botón.
Para completa-lo esperpento pauloviano, o espabiladillo de turno instalara un gran altavoz, pero non para avisar das soltas repentinas das presas; era o espello onde reflecti-la vanagloria propia e onde enchouparse de vaidade. Con aquel instrumento fauneiro e pouco de deportivo, un prosaico e onírico erudito das ondas configurara un sanedrín de eminentes, atávicos e preclaros cerebros pensantes arredor dunha gran mesa -que tamén era redonda pero camilla- mentres que os máis insignes avezados e cavadizos caían na ignominia do pelotón dos ocluídos. O mafias -con c- sachara a súa leira aínda que ía deixando pufos por onde fose co seu club virtual de xornalismo, turisno natural e aventura.
O enroque completábase con que o gran druída da cousa, un incompetente xefeciño do sector, pasaría por ser un excelente empresario enerxético ou polo mellor arquitecto palacego rememorando as milenarias construccións faraónico-exipcias. ¡Que gran defensor dos bloques de cemento! Vaia par de paxaros.
E voces, o que se di voces, algunhas había; pero escoitábaselles pouco entre mantedores e mantidos por unha banda e o integrismo conservacionista pola outra. E todos eles comían do mesmo prato, o prato que servían os pescadores. Ademais esas poucas voces de alarma eran soterradas en vivo. ¿Pero que pretendían eses inconscientes, eses insensatos, se había troitas ata nos sumidoiros? Reparen en que si habería troitas que competían en número coas vacas. Pero paulatinamente reducíase o cupo de capturas e algún río adoptaba nomenclaturas abreviadas como SAR -Ese A Erre- enténdase: Só Admito Residuos.
O Gran Consello de canas e cestos, sabedor e decididor, temperaba co café para todos ninguneando as voces discordantes. A normativa cáseque perseguía máis ó pescador infractor que ó infractor furtivo.
Aquel País de lampreas e pesqueiras; de reos, troitas e salmóns; de anguías e angulas; era feliz porque os vellos tiñan pensión garantida ata o 2025, a Seguridade Social saíra da quebra socialista e o próximo presidente
podía ser pontevedrés.
Era como se tanta felicidade non coubera ou coubese cando uns mecenas altruístas da opresora cultura centralista cometeron a ruindade aldraxenta, o perverso vilipendio e a granítica ofensa de publicar un libro sobre pesca referido ó devandito País.
Non me dirán que este non é un País de fábula.
E a seguir, voulles falar do libro.
A significación da pesca continental en Galicia escapa a grandes rasgos da percepción colectiva xeral. Ó estarmos á beira dun río estamos contribuíndo ó coidado do patrimonio natural galego, estamos adquirindo benestar e axudamos á conservación do medio ambiente, pero sermos pescadores convértese lamentablemente en diana dos dardos envelenados de francotiradores á espreita. A licencia de pesca, máis ca un carné de identidade, hoxe corre o risco de se converter nunha ficha policial. Como di o doutor Moralejo, sábese de quen pesca con cana e sen licencia, pero non se sabe de ninguén que pesque con licencia e sen cana.
E, aínda así, con esta requenaterna e que no lugar onde o deporte nacional é a sesta e non a lectura, hai engaiolantes tolos que publican libros. Refírome, obviamente, a Ediciones Tutor, alonxando de min calquera mérito por mínimo que poida ter.
Para eles o meu primeiro agradecemento pola confianza que depositan no meu traballo; agardo atesourala debidamente. Querido Director, amigo Jesús, moitas gracias, extensibles e compartidas con ese galego bo e xeneroso que tes como Director Editorial de Pesca, o meu amigo e mestre Emilio Fernández Román. Transmite tamén o meu agradecemento ós restantes profesionais de Ediciones Tutor.
Para Rafael Del Pozo, o Doutor Moralejo e Guy Roques, á devoción profesional que lles profesaba antes de coñecelos agora sumarémo-la sentida gratitude persoal dun pescador-autor emocionado.
Ós meus amigos e compañeiros dos medios de comunicación aquí presentes, principalmente ós alóctonos, que co seu traballo e a súa axuda empurran do carro pola dificultosa corredoira empedrada. Gracias a Fernando Alvarez-Sotomayor, Eduardo Fernández, Pablo Checa, Francisco Javier Martínez –aquí presentes- e en especial a aqueles que solicitan asiduamente os meus servicios e os meus humildes coñecementos; ponse así de manifesto que non é doado ser profeta en terra propia.
Gracias ós meus amigos pescadores, os que están aquí e os que non puideron acompañarnos, por seren e significarse como inesgotables fontes de saber do acerbo pesqueiro. Gracias a todos eles. En especial a Pepe Casal e Dionisio Beltrán, cos que a reomanía está en débeda. Gracias a Familia de Sito Fernández, o Vello de Cambre, por saber herdárno-lo risco e a José Mayo por facer unha toda unha industria artesanal deste trebello sen par.
Gracias a España -noraboa polo teu libro, Joaquín-, Paulino –que sempre é o segundo e le-los meus libros antes de publicalos-, a Zulueta, Iglesias, e tantos compañeiros de pesca polas gratificantes, edificantes, constructivas e prósperas xornadas de convivencia coa cana na man.
Gracias, así mesmo, a todos aqueles que me proporcionaron tan valioso coma imprescindible material para este libro: riscos, debuxos, mapas, datos, etc. En especial ó Doutor Cobo, gracias Fernando.
Gracias a Olimpus Comunicación, con Carlos Gey á fronte, por creer nos meus proxectos e por entender a miña visión da pesca.
Gracias ó Concello de Padrón por permitirnos celebrar este acto.
E un último agradecemento. Ós meus fillos Pablo e Antía e á súa nai Encarna, por seren pescadores, e ademais dos comprometidos e sensatos.
Quixera este humilde cronista dispoñer dos borbotóns e gorxeos dialécticos de Otero Pedrayo, da sutileza e cercanía xornalística do inimitable e irrepetible Cunqueiro ou da cativadora dozura de Celso Emilio para glosa-las excelencias dunha actividade ancestral onde río e pescador forman unha dicotomía con pedigree.
A pesca da troita, reo e salmón representa un sentir cheo de rechouchíos e aloumiños para o espírito. Un río con salmónidos é sinónimo de calidade de vida, máxima irefutable de Rafael del Pozo. Pescar é unha arelanza saudosa como diría o Patriarca das Letras Galegas. Hexemoniza tres fascinantes virtudes: sabedoría, xustiza e temperanza.
Dentro do multiforme abano desta afección, é merecente dunha atención sobranceira a pesca do reo. O Salmo trutta trutta, o príncipe, o proxectil prateado, soubo gaña-la mañas de hábiles artesáns e de pescadores responsables para facer da súa captura unha liturxia enxébrica por demais.
Se as terras do País dos Mil Ríos forzaron unha idiosincrasia pesquil acorde ós tempos, dentro da evolución da mesma o Risco é un trebello sen par, sen parangón, indíxena e aínda un tanto descoñecido, como comprobarán os que cheguen a le-lo libro.
O reo non é un peixe máis das nosas concas e, sen rabuñar ningún merecemento a troitas e salmóns, a súa pesca estase convertendo en epicento neurálxico dunha actividade lúdica e deportiva que atravesa por momentos preocupantes.
Non sei se cometería unha ousadía ó escribir este libro, polas circunstancias que atravesan lectura e pesca, pero créanme que poucas satisfaccións semellantes me pode da-la vida coma a de participar a todos as ledicias e os problemas que envolven esta actividade.
Por moito ou pouco mérito que teña este traballo, non deixa de ter un serio handicap: publícase paradoxalmente cando xa poucos pescamos con risco, xa que o inadecuado horario legal apenas faculta un cuarto de hora para utilizalo.
Quixera, Sr. Director Xeral, que vostede entendese a profunda interquenencia que este horario causa nos case cen mil pescadores galegos. Este horario, que vostede herdou, debe ser concatenado e formateado con profesionalidade e rigor e non só con criterios administrativos. Cómpre modificar e desenlea-la Lei de Pesca para non chegarmos ó grouxístico Axioma de Allen: “cando todo falla, é que hai que ler de novo as instruccións”; aínda estamos a tempo e non todo falla. É factible facendo bo o pensamento de Marilyn vos Savant de adquirilo coñecemento por medio do estudio e a sabedoría a través da observación. Os forames esgrimiranse como alicerces e non como argumento excluínte. Débese ampliar unha hora máis pola noite para pescar exclusivamente con risco. Se nos ríos hai pescadores evitaremos que entren os estromizadores depredadores de dúas patas.
Esta teima debátese nun momento no que está en entredito cómo nortea-la pesca continental.
Sr. Ruíz de Almirón, téñoo a vostede por un técnico cualificado e por político serio, comprometido, sensible e eficaz. Estou convencido de que vai estudiar esta demanda, non sei se será viable arranxa-lo problema, pero quedaría satisfeito só polo simple feito de que alguén mostrase un mínimo de interese.
Quixera, así mesmo, formular hoxe un desexo: que tódolos medios de comunicación galegos prestasen un anaco mais de atención ó mundo da pesca continental. Debemos reparar en que os nosos referentes son foráneos pero en Galicia hai materia prima dabondo para elaborar productos audiovisuais que dignifiquen esta nobre actividade. Os medios galegos deben prestar máis atención ó mundo da pesca fluvial. Postos a intentalo, ou alomenos demandalo, consolarémonos con que a Platón tampoco o entenderon en Siracusa.
Este segundo traballo éncheme de ledicia, de orgullo e ven pór íntimo refrendo ás orixes dos meus apelidos: os Piñeiro con berce nas nobres terras do Mandeo betanceiro e os Moure cunha ponte, un río e tres pedras de prata no escudo; as tres pedras que son as do Val do Roncal do Pirineo español.
E, sendo de Catoira, querendo a San Lois de Cesures, vivindo en Padrón e traballando en Compostela, non podería rematar sen falar de Mondariz-Balneario. Esa mítica, meiga e emblemática concepción de Peinador Vela onde, de cando en vez, vou a estar con Meu Pai, Pepín, que canso da vida terreal decidiu acepta-la invitación de Xosé Antonio Lorenzo, amigo e Alcalde, para trasladarse a unha estrela do firmamento mondaricano.
Para que vostedes se fagan unha idea do feiticeiro que pode chegar a ser este peixe, cóntolles que días atrás, Xosé Antonio e quen lles fala estabamos con Piñeiro Ares tentando uns reos no Tea sen moita fortuna.
Meu Pai díxome:
- Neno, estes reos non pican coma os do Ulla.
Ó que contestou presto Xosé Antonio:
- Pepín, é que estes reos están máis versados... 
Teño dito, en Padrón, no sábado do Entroido do Ano Santo de 2004.
Moitas gracias.

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